"De ninguna manera el hombre existe para el Estado. Es el Estado el que existe para el hombre."
Así escribió Jacques Maritain en 1951, en su obra El Hombre
y el Estado.
Maritain nació en París en 1882. Estudió en la Universidad
de París, donde fue enormemente influido por el filósofo Henri
Bergson, quien destruyó su escepticismo filosófico, y por el ensayista
y novelista Leon Bloy, quien compartió su fe Católica con él.
En 1904 se casó con Raíssa Oumansoff, y juntos entraron en la
iglesia Católica en 1906.
Maritain fue profesor en París, Toronto y Princeston. Además,
realizó una intensa y larga carrera diplomática como embajador
francés en el Vaticano y representante de Francia en la UNESCO.
Cuando se convirtió en Cristiano, Maritain pensó que iba a abjurar
la filosofía, pero después de descubrir a St. Tomás de
Aquino, escribió numerosos libros en los que aplicó los principios
de la filosofía tomista a todas las facetas de la vida intelectual. Fiel
al ejemplo de St. Tomás de Aquino, las ocupaciones filosóficas
de Maritain no hicieron más que reforzar su evangelización. A
partir de 1961, año de la muerte de su mujer, vivió con los Pequeños
Hermanos de Jesús. En 1970 concluyó su noviciado y tomó
los hábitos, y tres años más tarde murió en la casa
de los Pequeños Hermanos en Toulouse.
Cuando Maritain dirigió su intelecto a la relación entre el hombre
y el Estado, combinó lo mejor de su espíritu filosófico
y evangélico: “Durante veinte siglos, predicando el Evangelio a las naciones
y enfrentándose a los distintos poderes para defender la libertad del
espíritu, la Iglesia ha enseñado la libertad del hombre. Por mucho
que los tiempos actuales puedan ser de miserables, aquellos que aman a la Iglesia
y a la libertad tienen motivos para alegrarse debido a la claridad de la histórica
situación que afrontamos. El gran drama de los días actuales es
la confrontación del hombre con el Estado totalitario, el cual no es
sino el viejo espurio Dios del Imperio sin sometimiento a la ley que inclina
todo a su adoración.”