"Me siento inclinado a creer que si la fe (de un hombre) es defectuosa, éste debe estar sometido; y si es creyente, es libre."
Estas son palabras de Alexis de Tocqueville en su clásica obra Democracia
en América.
Nacido en París en 1805, Tocqueville era miembro de la pequeña
nobleza. Fue enviado por su familia a los Estados Unidos, junto a su amigo Gustave
de Beaumont, para evitar el alboroto resultante de la revolución de 1830.
Si bien el declarado propósito de su visita era estudiar el sistema penal
americano, Tocqueville hizo mucho más que eso durante su viaje de nueve
meses (11 de Mayo de 1831- 20 de Febrero de 1832) que le llevaron desde Boston
en el este, hasta Green Bay en el Oeste, desde Sault Ste. Marie en el norte,
hasta New Orleans en el sur. Su narración de la visita se ha convertido
en una obra clásica de la filosofía política y de los comentarios
sociales. Al analizar el siglo XIX americano, Tocqueville señaló
tanto los puntos débiles como los fuertes de los Estados Unidos, y una
de sus principales conclusiones fue que la democracia requiere siempre de una
base moral. En palabras del propio Tocqueville:
“Cuando la religión de un pueblo es destruida, la duda adquiere tal
fuerza que paraliza parcialmente el resto del intelecto. Tal situación
no puede sino enervar el alma, relajar las fuentes de la voluntad y preparar
a la gente para la servidumbre. Cuando ya no existe un principio de autoridad
religioso aparte del político, el hombre se va rápidamente asustando
por la apariencia de su ilimitada independencia. El despotismo puede gobernar
sin fe pero no así la libertad. La religión es mucho más
importante en repúblicas democráticas que en cualquier otra. ¿Cómo
es posible que una sociedad pueda escapar de la destrucción si su vínculo
moral no es reforzado en proporción a relajamiento del vínculo
político?”