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Eco-Espiritualidad

En lo que algunos han dado por llamar una era post-cristiana, han salido nuevas manifestaciones del deseo de los cristianos de tener comunión más íntima con Dios. Esta sección tratará las variadas teologías encontradas dentro del movimiento de la "eco-espiritualidad", desde el gnosticismo al neo-paganismo y el panteísmo (la Hipótesis de Gaia). También analizará los entendimientos cristianos alternativos del lugar de la persona humana en el orden natural.


La Nueva Espiritualidad
Por Robert A. Sirico

La perenne batalla de hoy por entender la relación que tiene uno con el medio ambiente y la forma en que esta relación afecta la vida espiritual personal toma muchas formas. Robert A. Sirico llega a la raíz de esta lucha y evalúa los distintos movimientos espirituales a la luz de la verdad espiritual, clarificando los argumentos modernos y criticando su aplicación. Al conversar sobre los aspectos reales del tema, Sirico introduce algunos argumentos fundamentales para una genuina espiritualidad ambientalista.

En tiempos altamente politizados como los nuestros, es cosa común el ver que las tendencias políticas seculares se reflejan en cambios sutiles en la doctrina y prácticas de las religiones principales. La Iglesia no se equivoca cuando se lanza a la acción política, ya que a veces, los asuntos pueden ser de tal importancia que se demanda de los fieles acción política.

Aún cuando no hay alguna crisis cerca que requiera de acción cristiana decisiva, una fe vibrante contribuiría en gran manera al mundo político y reflejaría firmes creencias. Sin embargo, también es cierto que todas las teorías políticas encuentran su fundamento en algún supuesto normativo al que la fe religiosa habla de forma más directa y completa de lo que permite el debate secular.

Al mismo tiempo, sin embargo, existe el siempre presente peligro de que las actividades políticas de la Iglesia pueden ser motivadas menos por una preocupación de aplicar sus enseñanzas alcanzadas independientemente de la situación política, sino ser motivadas por reflejar un deseo de "encajar" y ser "relevante" en la vida pública por trabajar dentro de un marco politizado. Este enfoque apela a muchos porque provee un medio rápido para ganar respeto ante los medios de comunicación. Tal posición puede ser adoptada de un mal ubicado deseo de facilitar la evangelización apelando a los prejuicios políticos públicos en lugar de retar la ideología secular de raíz. Pero en este caso, el activismo político puede representar un una verdadera amenaza a las verdades fundamentales de la fe. Un grupo religioso puede encontrarse siendo instruido por el mundo a su alrededor en vez de que suceda lo opuesto, y este revés puede llegar a corroer los postulados de la fe que antes se daban por sentados.

Yo creo que este puede ser el caso con mucha de la espiritualidad ambientalista que parece estar abriéndose camino en los círculos religiosos contemporáneos. Últimamente, hemos sido testigos del surgimiento de lo que algunos han llamado la "espiritualidad verde", que supone mezclarse bien con la fe ortodoxa. Hablo como un sacerdote católico romano mi comprensión es que, en cierto nivel, ha aspectos de la "espiritualidad verde" o "teología ecológica" que son coherentes con el énfasis que la fe cristiana histórica a dado al orden creado. El cristianismo enseña que "la tierra es del Señor", porque es Su creación, y nosotros estamos llamados a maravillarnos de la gloria y belleza de la naturaleza, como obras maestras de la Mano de Dios. Es más, las Escrituras llaman a la familia humana a tener un profundo respeto por la creación y no a desperdiciar los recursos que se nos son confiados para su uso —pero para usarlos sabiamente. Esto también implica que no debemos tratar con crueldad a los animales, porque esto promovería una actitud irrespetuosa hacia la santidad de la vida misma, dañando no sólo la vida animal en cuestión, sino también denigrando la dignidad y lesionando el desarrollo espiritual de la persona humana.

Discutamos por el momento las principales distinciones. El ver a la naturaleza como un lente por el cual podemos ver la Mano de Dios como Autor de la creación no es lo mismo a encontrar a Dios Mismo en la naturaleza —mucho menos el sustituir a Dios por la naturaleza misma. Respetar el orden creado de Dios no significa que no puede y no debe ser usado para el beneficio de la humanidad; en cambio, una creencia en la santidad de la vida requiere que aceptemos nuestras responsabilidades para tener dominio sobre la naturaleza, como enseñan las Sagradas Escrituras (Génesis 1:28). Finalmente, la obligación de respetar a los animales no significa que debemos hacer a un lado el entendimiento de que los animales están, como el resto de la creación, en una posición jerárquica subordinada al hombre y a su servicio. El hecho de que tales afirmaciones están incluso abiertos a discusión es una muestra de que tan lejos la ideología ambientalista se ha infiltrado en las comunidades de la fe tradicional. Sin embargo, debemos sentirnos obligados a confrontar esta ideología cuando esta represente un reto a los entendimientos tradicionales teocéntricos y antropocéntricos del orden creado.

Empecemos por una de las más famosas y fundamentales declaraciones de la Iglesia moderna acerca del lugar del hombre en el orden creado: Gaudium et spes, promulgado por el Concilio Vaticano II el 7 de diciembre de 1964. El prólogo empieza de la siguiente forma:

"El gozo y la esperanza, el dolor y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, especialmente de aquellos que son pobres o están afligidos de alguna forma, son el gozo y la esperanza, el dolor y la angustia de los seguidores de Cristo también. Nada que sea genuinamente humana fracasa en encontrar un eco en sus corazones. Porque de ellos es una comunidad compuesta por hombres, hombres que, unidos en Cristo y guiados por el Espíritu Santo, avanzan hacia adelante, hacia el Reino del Padre y son portadores de un mensaje de salvación dirigido a todos los hombres. Es por esto que los cristianos tienen un sentimiento de profunda solidaridad con la raza humana y su historia."

Inmediatamente somos sorprendidos por un inamovible teocentrismo y, de forma secundaria, el antropocentrismo de sete pasaje, ya que declara que la primera preocupación cívica de una fe encarnada es el servicio de la persona humana, tanto en su papel social, como espiritual. "Nada genuinamente humano" está fuera de la preocupación de la comunidad cristiana. Y mientras ciertamente el ambiente físico en le que las personas viven es una preocupación humana crítica, encontramos que nada aquí sugiere que por ponerle atención al orden creado no humano, le estamos quitando atención a la preocupación por el bienestar y la salvación de la persona humana. Gaudium et spes reconoce que el hombre moderno busca asegurar los "inmensos recursos del mundo moderno" para su propio bien, y enseña que este fin, el alcanzar el bien, puede ser cumplido únicamente en servicio a Cristo, quien nos fortalece y sostiene espiritualmente y hace posible nuestra salvación. Los medios de la salvación no pueden ser encontrados a través de la inmanencia de los recursos del mundo, sino únicamente a través de la trascendencia de una fe encarnada.

En 1965, la Iglesia podía afirmar que "tanto creyentes como no creyentes pueden estar de acuerdo casi unánimemente en que todas las cosas en la tierra deberían estar ordenadas al hombre como su centro y cumbre" (párrafo 12). Aun más, en ningún lado de las declaraciones del Concilio acerca de las responsabilidades personales, familiares, políticas e incluso globales, de la humanidad —y es bastante claro que el documento busca abarcar todos los retos contemporáneos acerca del lugar del hombre en el mundo social- sale a colación el tema, cómo lo entendemos hoy, del "medio ambiente".

Sin embargo hoy, la situación es distinta. El vicepresidente de Estados Unidos, en libro muy reconocido como la declaración consumada del nuevo ambientalismo, admite que "mientras más profundamente busco por la raíz de la crisis ambiental global, más estoy convencido de que es una manifestación externa de una crisis interior que es, por falta de una mejor palabra, espiritual." Entonces, lo que motivó la declaración del Concilio Vaticano II acerca de las soluciones a la crisis moderna —más específicamente, los problemas que son principalmente sociales por naturaleza- son radicalmente alterados por este tratamiento. Se nos pide que reafirmemos nuestro lugar espiritual en el universo renovando "una conexión" —no con Dios- sino con el "mundo natural".

Con esto no se quiere decir que el medio ambiente como tal no era una preocupación en el mundo secular. En 1966, el historiador estadounidense Lynn White habló frente a la Asociación Americana por el Avance de la Ciencia y dijo que el cristianismo es responsable de forma única por los crecientes problemas ambientales. "El cristianismo", dijo, "en contraste total con el antiguo paganismo y las religiones asiáticas (exceptuando, tal vez, el Zoroastrianismo), no sólo estableció un dualismo entre el hombre y la naturaleza, sino también insiste que es la voluntad de Dios el que el hombre explote la naturaleza para sus propios fines." "Al destruir el animismo pagano, el cristianismo hizo posible la explotación de la naturaleza en una forma indiferente a los sentimientos de los objetos naturales." Dejando a un lado la prejuiciosa presentación de la visión cristiana (explotación y dominio son fácilmente diferenciables), la presentación del profesor White tiene por lo menos el mérito de claridad y hasta cierto punto, de honestidad. El no está intentando secuestrar al cristianismo para propósitos paganos, sino que entiende que la fe tradicional de Occidente sí considera al hombre como aparte de la Creación; Occidente considera que la dignidad humana es la más alta responsabilidad social, así como considera el amor y servicio a Dios como su más alto fin y menta espiritual.

Similarmente, y en tiempos más recientes, Rupert Sheldrake ha atacado la tradición judeocristiana porque esta enfatiza la supremacía del hombre sobre la Madre Tierra, y llama a un nuevo animismo. Jeremy Irfkin y Ted Howard denuncian a "el enfoque cristiano tradicional hacia la naturaleza" como un "factor contribuyente a la destrucción ecológica". Y James Nash llama a la iglesia cristiana a purgar los "últimos vestigios" de las teorías antropocéntricas (que el hombre está en un orden superior de la creación al ambiente natural) in servicio de la Madre Tierra.

Estos autores parecen entender que hay algo en el corazón del cristianismo que va en contra a una teología (contraria) y una política (radical) que considera que el ambiente natural tiene derechos autónomos de y en muchos respectos sobre aquellos de las personas humanas. Ña doctrina de la Encarnación de Jesucristo enseña que al entrar Dios en la historia humana, el momento histórico en el que el tiempo y la eternidad convergieron íntimamente, la persona humana fue ennoblecida por al escoger Dios la forma humana. El despreciar esta enseñanza exaltando formas no humanas de vida sobre las almas racionales, no solo va en contra de la doctrina tradicional; también menosprecia sutilmente la santidad de la vida humana —el fundamento mismo de la ética cristiana. Estos escritos contrastan las preocupaciones éticas, políticas y culturales cristianas, con una agenda alternativa ambiental de carácter ético, político y cultural, y al hacerlo, se abre el escenario para un debate honesto y abierto, un debate al que el cristianismo debe darle la bienvenida.

En la década de los 8-‘s, pareciera ser que la situación empezó a cambiar, de tal forma que la línea entre la ideología verde y la ética cristiana empezó a tornarse borrosa. Calvin B. DeWitt, un profesor de estudios ambientales de la Universidad de Wisconsin, fundó el Instituto Au Sable para los Estudios Ambientales y procedió a desarrollar una serie de conferencias y libros. El resultado fueron tres volúmenes muy influyentes, Cuidando el Jardín: Ensayos acerca del Evangelio y la Tierra, El Medio Ambiente y el Cristiano: ¿Qué Podemos Aprender del Nuevo Testamento?, y Cuidado Misionero de la Tierra. Ellos articularon una teología centrada en la naturaleza bastante radical, y malinterpretaron las narraciones del Evangelio en términos ambientales y políticos, y adoptaron en gran manera las enseñanzas, metas y medios del Movimiento Verde como apropiados para la comunidad evangélica. Uno se puede dar cuenta también que esta posición no fue adoptada aparte de ciertas tendencias en el mundo político secular, menos en oposición a ellos. La década de los 80’s representó la maduración del movimiento ambientalista, una época en donde un nuevo movimiento político empezó a adoptar una posición que divide al mundo en categorías de bien y mal, con el impacto del hombre en la naturaleza visto como el mal, y la Madre Tierra, en un estado natural como el bien restaurado y preservado.

Fue el inicio de un nuevo "Maniqueísmo", un dualismo antiguo que postulaba que el universo estaba dividido en obscuridad y luz, en donde la obscuridad trataba principalmente con las cualidades físicas del hombre, y la luz con la espiritualidad y la negación de lo físico. Inconscientemente, algunos segmentos de la comunidad protestante evangélica empezaron a tomar estos temas. En la década de los 80’s, un estudio de 125 universidades relacionadas con iglesias reveló que el 95% ofrecía cursos de ambientalismo. El movimiento por enverdecer el cristianismo se defendía en base que iba en contra del lamentable secularismo de los aliados ambientalistas políticos, y que el potencial para reclutar una comunidad política representaba una oportunidad evangelística. Sin embargo, el enverdecimiento del cristianismo no terminó con meras tácticas, sino que fue al corazón de la doctrina bíblica del dominio del hombre sobre la tierra, especialmente a través de su obra en el mundo de la economía. O, como un autor lo puso, es un indicador de nuestra caída naturaleza al haber construido el mandamiento de tener dominio sobre la tierra como un mandato únicamente para el bienestar humano, así como hemos supuestamente malinterpretado la muerte de Cristo como que hace posible la salvación de la humanidad y no de toda la creación.

Pero esta extraña teoría implicaría que la vida de los animales y las plantas es tan preciada como la de los seres humanos y que esto significa que todas las formas de vida están equipadas como almas racionales y por ende, igualmente necesitadas de evangelización. Es imposible evitar la conclusión de que esta teoría no solo reduciría a la vida humana a la condición de la vida animal; además, debido a sus implicaciones radicales para los sistemas económicos, lo más probable es que llevaría a una disminución en producción, intercambio económico, innovación y eventualmente a una hambruna masiva y muerte. En verdad, sabemos de toda la historia y de la enseñanza cristiana que la supervivencia del hombre y su florecimiento dependen del ejercicio responsable del dominio sobre la creación, el mantenimiento del Jardín, la posesión de propiedad y su transformación para el mejoramiento de la condición humana, siempre manteniendo un ojo hacia hacer la voluntad de Dios teniendo como meta la salvación. Negar esto es mera fantasía, una fantasía aún más absurda que la que dio nacimiento a la idea de que todos los recursos de la sociedad están mejor en las manos del gobierno que en las de los individuos. Porque todos los problemas inherentes en la idea del socialismo, al menos esto puede ser dicho para incluso el más mal ajustado de ellos: vendieron sus reformas sociales como medios para hacer a mejorar la condición de los seres humanos. Ninguno de ellos jamás le pidió al mundo que eliminara la propiedad privada para poder crear una existencia más libre para los reinos animales y vegetales, así como para la capa de ozono.

La declaración de que las actividades de trabajar la tierra, comer animales y tener un dominio general sobre la naturaleza son contrarios a la ética son poco nuevos en la historia de la Iglesia. Mientras más estudiamos la historia de las ideas, más encontramos de que no hay nada nuevo bajo el sol. San Agustín fue confrontado con que el mandamiento en contra el homicidio también podría aplicarse a los animales —a lo cual respondió:

"Algunas personas intentan estirar la prohibición <en contra de matar> para cubrir las bestias y el ganado, y hacer ilegal el matar cualquier animal. Pero, entonces, ¿por qué no incluir también las plantas y cualquier cosa enraizada y que se alimente de la tierra? Después de todo, cosas como estas, aún carentes de sentimientos, se dice, tienen vida, y, entonces, pueden morir, y ser muertas por tratamientos violentos. San Pablo mismo, hablando de las semillas, dice: ‘¡Necio! Lo que tú siembras no llega a tener vida si antes no muere;’ mientras que el Salmista escribe: ‘Y destruyó sus viñas con granizo’. ¿Debemos pues, cuando leemos: ‘No matarás’, entender de que es un crimen arrancar un arbusto y suscribirnos neciamente al error de los Maniqueístas?

Poniendo esta necedad a un lado, nosotros no aplicamos ‘No matarás’ a plantas, porque no tienen sensaciones; o a animales irracionales que vuelan, nadan, caminan o se arrastran porque no están relacionados a nosotros por ninguna asociación o vínculo común. Por la ordenanza sabia del Creador, ellos fueron destinados a nuestro uso, vivos o muertos. Solo queda que apliquemos el mandamiento de ‘No matarás’, para el hombre solamente, uno mismo y otros."

La fuente de impaciencia de San Agustín con esta línea de pensamiento viene de su propia devoción anterior a la fe de los Maniqueos. Esta fue una religión fundada por el persa Mani en la última mitad del tercer siglo. Esta religión decía ser la verdadera síntesis de toda religión pero en realidad consistía de una mezcla compuesta del Dualismo de Zoroastro, folklore de Babilonia, ética Budista y algunas adiciones superficiales del Cristianismo. Como una variante del Gnosticismo, enseñaba que habían dos fuerzas en el mundo, una representada por la luz, la cual era espíritu e intelecto, y otra representada por la obscuridad, la cual era deseo, emoción y el mundo físico. La disciplina de la religión era extremadamente estricta, y consistía principalmente en restricciones sexuales y dietéticas. Los Perfectos, una pequeña elite dentro del grupo, tenían prohibido poseer propiedad, comer carne o beber vino, e incluso la satisfacción del deseo sexual y el entrar en relaciones comerciales o de intercambio. Solamente se le permitía comer vegetales a los Perfectos, e incluso allí, no se les permitía cortarlos de los árboles; tenían que esperar que cayeran de los árboles. El trabajo de los seguidores secundarios de Mani, quienes eran los Oidores, era principalmente el conseguir fruta (de preferencia melones) para los Perfectos, ya que a estos se les prohibía el trabajo, y también debían de adorar de rodillas a los Perfectos. Al mismo tiempo, se les instruía a sentirse culpables si se involucraban de alguna forma u otra con las fuerzas de la obscuridad debido a su propia debilidad e inhabilidad de replicar las vidas idealizadas de los Perfectos. El Maniqueísmo fue eventualmente destruido por el avance del cristianismo, reducido a solo unos poquísimos seguidores, y murió alrededor del año 1000.

Ahora, hoy nos preguntamos como una religión de este tipo pudo haber tenido seguidores, pero también hacemos bien en recordar que fue una amenaza al cristianismo y que se esparció tanto al este y al oeste, y además cubrió a una gran parte del mundo antes de morir lentamente. El secreto de su éxito fue su consistente aplicación del primer principio del dualismo: el mal y el bien eran categorías estrictas, que no se encuentran en una ética de origen trascendente, sino únicamente descubribles a través del intelecto, una ética animada enteramente en como uno interactúa con el mundo físico, en el cual se encuentran tanto aspectos buenos como malos de forma inherente. En esto podemos ver los paralelos con el ambientalismo moderno, el cual ha engendrado todo tipo de grupo extremista. Los Perfectos dentro de los ambientalistas desprecian todo tipo de carne e intercambio, y viven únicamente con lo único necesario, nunca contaminándose por involucrarse en comercio o propiedad de ningún tipo. Los Oidores de la comunidad ambientalista son los que hacen pequeños actos piadosos como reciclar y adoptar restricciones dietéticas moderadas, mientras reconociendo su inferioridad ética a los Perfectos, o ambientalistas extremos. Uno puede tomar nota del estilo de vida y los escritos de Theodore Kazinski (el "Unibomber"), que están imbuidos de un fervor religioso apasionado, un aire de superioridad moral y una piedad basada en el naturalismo, además de una fuerte y dura convicción que el asesinato y la ruina son justificadas para deshacerse del mal (que está definido como la civilización misma), y restaurar la bondad (el estado natural del medio ambiente y el lugar subordinado del hombre en el).

Nos equivocamos al pensar que cualquier religión herética es algo del pasado, porque estas pueden regresar buscando venganza, aún dentro de la comunidad cristiana cuando ocurren distorsiones dentro de la antropología cristiana básica. Característicamente, en nuestra época, las herejías religiosas tienen origen político. Por ejemplo, considere la confusión entre el patriotismo y la adoración del estado, entre las demandas éticas de caridad y la creencia de que el estado benefactor moderno es ordenado por Dios, y, ahora, la creencia que la idea judeocristiana de la bondad de la creación y su mayordomía responsable es idéntica a la ideología ambiental política.

¿Qué es lo que enseña el cristianismo acerca del lugar del medio ambiente en la ética personal y política? Creo que no hay declaración más clara en el asunto que la proveída por el Papa Juan Pablo II en Centesimus Annus. La declaración del Papa, escribiendo luego de la caída del comunismo en Europa, se refiere a un papel limitado para el estado (párrafo 11) y la propiedad privada (párrafo 30), condena la herejía socialista (párrafo 13), así como apoya la división del trabajo (párrafo 31-32), la empresarialidad (párrafo 32), la economía de negocios (párrafo 32), el sistema de pérdidas y ganancias (párrafo 30) y el derecho a trabajar (párrafo 43) y prosperar (párrafo 36). El Papa también hace referencia l problema del medio ambiente en uno de los pasajes menos discutidos del documento (párrafo 37-39). El dice que los problemas ecológicos resultan cuando "el hombre consume los recursos de la tierra y su propia vida en una forma excesiva y desordenada. A la raíz de toda la destrucción del ambiente natural existe un error antropológico" de olvidar que los recursos naturales son un don de Dios y deben ser usados de acuerdo a sus mandamientos. Esto implicaría que los recursos demandados no sean desperdiciados sin necesidad, lo que va de acuerdo con la aceptación del Papa de la economía de mercado y el sistema de ganancias, el sistema de organización económica históricamente más eficiente y que menos recursos desperdicia.

¿Y qué sistemas económicas sujetan a uso irrestringido los recursos naturales? Precisamente aquellos que exaltan al estado como un aparato planeador, y que no definen apropiadamente los derechos de propiedad y llevan a lo que los economistas llaman la sobre utilización de los recursos. No se ha visto desperdicio y deterioro ambiental como el visto en los países del antiguo bloque Oriental. Al contrario, la economía de mercado es un sistema frontal de organización económica en el que la escasez del futuro se imputan a los precios de hoy, y entonces dan las señales correctas para el uso apropiado de los recursos en preparación hoy. Como dice el Papa, debemos estar siempre conscientes de nuestro deber hacia las futuras generaciones, una función más fácilmente cumplida por un sistema de racionamiento dirigido por señales de mercado en vez de edictos burocráticos.

El Papa se mueve del asunto del ambiente natural a un problema que considera "más serio": la "destrucción del ambiente humano, algo que por ningún lado recibe la atención que merece." En particular, el llama la atención a la naturaleza pecadora del hombre y la necesidad del hombre de respetar la "estructura moral y natural que se le ha dado" (párrafo 38). La primera y fundamental estructura de la ecología humana es la familia (institución prohibida por los Maniqueístas y algunas veces atacada como derrochadora y libertina por los ambientalistas modernos). Es a través de la familia donde una persona recibe las ideas formativas acerca de la verdad y la bondad, y de la fe. "La familia es sagrada", dice el Papa. "Es el lugar en el que la vida, el don de Dios, puede ser apropiadamente recibida y protegida en contra de los ataques a los que está expuesta y pueda desarrollarse de acuerdo a lo que se constituye un crecimiento humano auténtico."

Todas estas declaraciones asumen, como lo hace el todo de la tradición religiosa occidental, que a el hombre ha sido dada la primacía en el orden creado, y que el debe usar los recursos de la tierra de manera responsable y para el mejoramiento de toda la sociedad humana, y que el bien y el mal no están en el mundo natural, sino que son traídos al mundo material por las opciones que hacemos de seguir los mandamientos de Dios, de que la naturaleza no tienen alma y no está en el plan de salvación de Dios, y que la santidad de la vida debe ser la preocupación principal de la organización humana política y económica.

En los tiempos seculares que vivimos, quizás no sea sorprendente que extrañas teorías que nos regresan a los Gnósticos y las herejías de los primeros siglos cristianos, vendrían a tener actualidad política,, aún a través de movimientos populares masivos como un mal concebido ambientalismo que enseña ideas contrarias a la ortodoxia. Pero cometemos un error profundo al intentar insertar esas ideas a la fe ortodoxa, especialmente intentar hacerlos a causa de un mal ubicado deseo por obtener ventaja estratégica en las batallas filosóficas de nuestra época.

Existen tres instituciones cuya legitimidad es establecida por la ciencia económica y las normas morales tradicionales, con las que todas las religiones de nuestra época deben reconciliarse para poder inocularse de una rampante politización, especialmente aquella que busca restaurar un entendimiento Gnóstico de la relación del hombre con el orden creado. Primero, debemos buscar un entendimiento y apreciación renovada por la propiedad privada, una idea normativa apoyada por la enseñanza moral en contra del robo. Secundo, debemos estar al tanto de los méritos del libre intercambio, una estructura institucional que premia la cooperación humana pacífica sobre la violencia y el robo. Tercero, debemos reconciliarnos con la justicia de la acumulación de la riqueza, una noción normativa que es indispensable para el desarrollo económico y el avance de la civilización. Son precisamente estas tres instituciones a las que la fe ambientalista no reconoce ni respeta dentro del orden político.

Hasta que la gente de fe se reconcilie con estas tres ideas, y vea la práctica temporal de las normas éticas de su fe dentro del marco general social de estas instituciones, las comunidades religiosas en general, y el cristianismo en particular seguirán siendo vulnerables a la corrosiva influencia de las tendencias seculares y estatistas. Hay mucho más en la sociedad y la política que la justicia de la propiedad, el intercambio y el desarrollo económico; pero hasta que nosotros, in nuestras comunidades de fe, podamos entender que sirven como elementos fundamentales para la cooperación humana pacífica, no habremos dado el primer paso esencial a evitar la reproducción de los profundos errores doctrinales y políticos del pasado.

El Reverendo Robert A. Sirico es presidente del Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad en Grand Rapids, Michigan.