por Owen Chadwick
Ésta es una de las mentes más extraordinarias del siglo diecinueve. Aquí había un famoso historiador que jamás escribió un libro; un pensador político que durante la mayor parte de su vida fue un miembro liberal del Parlamento británico pero que casi nunca asistió a sus sesiones y que no tuvo peso en sus debates; un célebre católico romano que estuvo en rebeldía contra el Papa; un escritor que siguió afirmando la necesidad de una historia imparcial, pero que vió toda la historia a través de los ojos inusuales de un católico liberal demócrata y ciertamente no practicó lo que predicó acerca de la imparcialidad; y un famoso moralista que no tenía interés en la pericia de los filósofos moralistas. Se podría esperar que sólo hubiera dejado una heterogénea colección de curiosos resúmenes y documentos sin importancia permanente. Y no es sólo lo que se podría esperar, es lo que pasó. No había ningún libro escrito por Acton inventariado en la Biblioteca Universitaria cuando fue designado profesor en Cambridge. Ningún libro -en el verdadero sentido- figuraba en el catálogo de la Biblioteca cuando murió. Ningún libro escrito por él, publicado póstumamente, es útil a los lectores que quieran saber qué pasó exactamente; pero eso no significa nada, porque los libros escritos por Gibbon y Macaulay, a pesar de que perduran, no es a donde acuden ahora los lectores si quieren saber exactamente qué ocurrió.
A pesar de estas desventajas, su mente ha fascinado a la posteridad. Bajo la antología de sus escritos ocasionales se pueden distinguir -a veces distinguir como entre una bruma de palabras, pero magnéticas precisamente por eso- principios de historia y de moral personal y derecho político que eran humanos, sutiles, comprensivos y, a veces, fascinantes.
Cuando yo era un joven profesor de historia en Cambridge, un abad benedictino vino de Bélgica a dar una conferencia en la universidad, lo que hizo en un inglés vigoroso pero imposible de seguir. Se me ordenó que le sirviera té, una bebida que nunca consumiría. Le pregunté qué libro estaba escribiendo. Me miró horrorizado, como si lo hubiera insultado. Luego movió sus manos con excitación y gritó: "Des articles!" [¡Artículos!]
Basado en esta filosofía uno no promueve el conocimiento escribiendo libros. Uno escribe artículos que serán leídos y aprovechado sólo por unos pocos colegas. Acton había hecho esto: un artículo profundo tras otro, a veces difíciles de seguir incluso para los expertos. Des articles -ésto es lo que hizo su nombre famosos entre los historiadores e hizo que algunos lo quisieran como profesor en Cambridge cuando se produjo la vacante.
Pero Acton no sólo aspiraba a des articles. En una época quiso escribir una historia del papado como había hecho su maestro, Ranke. Le hubiera gustado bastante escribir una historia de la Historia. Quiso escribir la biografía de su propio maestro, Dölinger. Quiso escribir la biografía de su antiguo colega, Newman, un trabajo para el que era totalmente inapropiado, porque al momento que Newman murió, había perdido casi toda relación de comunicación con él. Si Gladstone hubiera muerto dos o tres años antes, es casi seguro que Acton hubiera sido invitado por la familia a escribir su vida, y hubiera aceptado y después no hubiera podido terminarla.
Otro alumno de Dölinger, Friedrich, escribió su biografía, adecuadamente. El hijo de un colega de Newman, Ward, escribió su biografía, adecuadamente. John Morley se tomó el trabajo de escribir la biografía de Gladstone, y lo hizo maravillosamente bien. El discípulo cercano de Acton, Gooch, escribió la historia de la Historia, adecuadamente. Casi es mejor que Acton no hubiera podido llevar a cabo ninguno de estos planes, ya que sus trabajos anteriores demostraban que no era, de ninguna manera, apropiado para ser biógrafo. Pero Acton quiso escribir varios libros. Lo que escribió fueron des articles.
Todos saben que quiso escribir la Historia de la Libertad y todos, excepto la hija de Gladstone, Mary, y yo, se ríen de la idea por considerarla una quimera para un historiador, un sueño que nunca puede hacerse realidad. No podría haber ocurrido nunca porque la tarea era imposible. Él era un lector voraz -no un escritor compulsivo; un hombre de artículos -no de libros. Lecky había escrito la Historia de la Moral Europea, muy útil en su tiempo. Buckley había escrito la Historia de la Civilización, la que es absurdo leer ahora, y en nuestros día hemos visto a un buen especialista hacer un programa educativo para la televisión llamado "Civilización". Escribir la historia de la libertad no era en sí un imposible. Pero era imposible para el único victoriano que ansiaba hacerlo.
El hecho es que el 13 de enero de 1895, cuando el Profesor Regio de Historia Moderna de Cambridge, Sir John Seeley, murió, Acton, a pesar de no haber escrito ningún libro, era uno de los famosos historiadores en Inglaterra, a causa de los artículos que había escrito. Él no tenía experiencia en enseñar, a jóvenes o viejos. Pero sus conocimientos eran únicos y ampliamente respetados en lo que en ese momento se estaba convirtiendo, por primera vez, la profesión de historiador. Por lo que podía ser considerado para el puesto.
El Calendario de la Universidad de Cambridge para el ciclo lectivo 1894-95 decía que el Profesor Regio de Historia Moderna debía ser un Master of Arts, o un Master of Law, o un título superior. En esa época se entendía que uno debía tener un título de la Universidad de Cambridge. Si eso era cierto, se dejaba a Acton afuera; él se había presentado para ser admitido como estudiante en Cambridge, en tres Colleges distintos; pero a pesar de que un católico romano podía ser un estudiante en esos días, no podía recibir un título, y tres Colleges distintos prefirieron no admitir al joven Acton. De todos modos, en 1888 recibió un doctorado honorario de la Universidad de Cambridge, y surgió entonces la duda si un doctorado honorario servía para este propósito. Parecía que ahora el estatuto parecía excluirlo como posible profesor. El mismo estatuto parecía excluir a otros nombres famosos que Cambridge podría querer -se mencionaba en Cambridge el nombre de S. R. Gardiner, autor de England Under the Earlier Stuarts, pero, aparte de la mancha de ser graduado de Oxford, había rechazado el puesto similar en Oxford el año anterior. El nombre de Thomas Hodgkin, autor de Italy and her Invaders, se mencionaba en Cambridge, pero llevaba la mancha aún peor de ser graduado de la Universidad de Londres. La directora de Newnham, Helen, la hija menor de Gladstone, había propuesto estos eminentes nombres.
Pollock sólo sugirió a Vinogradoff, argumentando que éste no era feliz en la Rusia zarista, pero tenía la mancha de ser un graduado de Moscú. Vinogradoff recién se instaló en Inglaterra -ya que sus opiniones liberales no eran aceptables en San Petesburgo- un año antes de la muerte de Acton. Comenzó a ser profesor en Oxford al año siguiente de la muerte de Acton.
Hubo algunas malas ideas. Dos oscuros personajes, sin ningún antecedente, querían el trabajo por sus servicios políticos en el Partido Liberal, y no tuvieron ninguna vergüenza en alegar eso en su favor.1
Había un excelente profesor de historia de Cambridge, George Prothero; pero hacía muy poco que había aceptado la cátedra en Edimburgo y se pensó que sería imposible para la corona intentar traerlo de vuelta tan rápido; especialmente cuando el principal consejero de la reina era un escocés tan eminente.
¿Tenía que ser, entonces, alguien que estuviera enseñando actualmente en Cambridge? Mandell Creighton, quien había sorprendido a todos cuando dejó su cátedra en Cambridge por la sede en Peterborough, dijo entonces: "Realmente no hay nadie en Cambridge ahora, excepto Gwatkin (el profesor de historia eclesiástica), de quien se pueda decir que sabe algo de historia."
Pero -éste era el problema, y causó, como un observador agudo diría, pánico en Cambridge- había una persona en Cambridge que pensaba que sabía mucha historia y que realmente quería el puesto: Oscar Browning, profesor en el King's College, famoso en el mundo por ser un personaje. Ésta era la causa del pánico. Todos en Cambridge estaban decididos a hacer todo lo posible para evitar la desgracia de tener a Browning como profesor.
Tan pronto como Seeley murió, Oscar Browning escribió una carta al Primer Ministro solicitándole el trabajo; y los Archivos Reales en Windsor demuestran que su solicitud llegó más alto que el Primer Ministro. Browning tenía una gran ventaja y una gran desventaja. Era un buen profesor de historia para los no graduados; y había hecho algo para ayudar a fundar los History Tripos. Su desventaja: era el hombre más impreciso, de todas las épocas, que haya tenido una cátedra de historia en Cambridge. La historia apócrifa sobre él cuenta que escribió un libro sobre Federico el Grande, de Prusia, y todos estaban sorprendidos al saber que había dedicado tanto esfuerzo militar en la conquista de Siberia; y después el libro tenía una fe de erratas que decía: en lugar de Siberia léase Silesia.
También era un excéntrico. Tenía un gran estómago sobre unas piernas muy pequeñas, y el único pelo que tenía eran unos rulos alrededor del cuello. Pero los profesores pueden verse como quieran, y la excentricidad no es una cualidad que signifique desventaja para los historiadores de Cambridge, que tuvieron al poeta Gray como profesor. No mucho antes habían tenido al profesor Smyth. Se decía que daba las mismas conferencias año tras año, lo que era posible porque nadie asistía; excepto cuando llegaba a la conferencia sobre María Antonieta, a la que asistía mucha gente para ver al profesor llorar, cosa que hacía todos los años.2
Browning tenía otra cualidad. Admiraba a Acton. Él era miembro del Partido Liberal y Acton era uno del puñado de sus compañeros liberales en la Cámara de los Lores [House of Lords]. Él reverenciaba a las personas con títulos de nobleza y Acton lo satisfacía en ese aspecto. Acostumbraba a enviar sus artículos a Acton y éste bondadosamente le corregía los errores elementales. Cuatro años antes había intentado que el King's College eligiera a Acton como profesor allí, y apenas si había fallado por unos votos. Cuando el profesor de historia eclesial en Dixie College, Mandell Creighton, dejó Cambridge para ser obispo de Peterborough, Browning intentó persuadir a Acton para que se presentara en Dixie para ser profesor; y Acton, el católico romano, aunque era el católico romano rebelde, respondió "Yo no cumpliré con los requerimientos para ser profesor de doctrina protestante" (Acton a Browning, 6 de marzo de 1891). De modo que cuando Seeley murió, Browning y Acton se conocían bien. Acton, que reconocía a un historiador en cuanto lo veía, no valoraba a Browning como historiador, sino como su relación con Cambridge; Browning valoraba a Acton como historiador, como lord y como liberal.3
Digamos lo mejor y lo peor que podamos de Oscar Browning citando las cartas que, aquel mes, le llegaron al Primer Ministro. La mejor fue de una persona del King's College.
Es notable el trabajo que ha hecho entre los más jóvenes. Ha dedicado su tiempo y ha abierto sus aulas a alumnos de todos los "colleges", y les ha ofrecido charlas sobre los períodos históricos alrededor de su chimenea, alentándolos a que se interesen en la historia como iluminadora de los problemas actuales. Nadie de los que conozco en Cambridge lo ha hecho de la misma manera.
Y ahora, lo peor que se dijo: Henry Jackson, el gran estudioso de los Griegos, informó a Harcourt sobre el pánico que generaba la posibilidad de que Browning obtuviera el puesto. "Se dice que si llegara a ser nombrado habría dos consecuencias: (1) desastre para la Escuela de Historia, (2) desastre para el liberalismo."4
Pero el 11 de febrero de 1895 el vice canciller, Austen-Leigh, hizo notar al Primer Ministro que el axioma era falso. No había ninguna obligación de que el profesor fuera un graduado de Cambridge. Antes era así. Pero el estatuto fue revocado en 1861. Pidieron un par de opiniones legales para asegurarse. Pero el Primer Ministro actuó antes de que llegara la respuesta del juez.
Acton estaba en la mente de Rosebery. Ellos eran colegas en el Partido Liberal. Acton había estado tratando, sin éxito, de persuadir a Rosebery para que lo enviara como embajador a Bavaria donde estaba su verdadero hogar. Rosebery sabía que los asuntos financieros de Acton habían estado fracasando y que necesitaba un estipendio. Y descubrió que algunos en Cambridge, Henry Sidgwick por ejemplo, 5 querían a Acton como profesor.
El 6 de febrero Acton había oído el rumor de que sería elegido. Le escribió a Bryce en Oxford y le consultó si debía aceptar, y cuáles eran las obligaciones, la residencia y el estipendio.6 El 15 de febrero Acton escribió a Rosebery aceptando el ofrecimiento de la cátedra.
Acton a Oscar Browning, 18 de febrero de 1895: "Siento mucho ser el objeto de noticias extrañas e inesperadas. Se le ha ocurrido a Lord Rosebery ofrecerme el cargo de profesor. Por supuesto le dije de inmediato que no podía considerar esa posibilidad si me interponía en tu camino; pero me enteré de que le habían aconsejado otros candidatos en caso de que yo rehusara aceptar, y de que no había ninguna posibilidad de que el ofrecimiento te lo hicieran a ti. No sé a quien había consultado. El único amigo mío a quien consultó le aconsejó que no me ofreciera el puesto -supongo que por motivos religiosos. Te menciono esto para que estés seguro de que no hice nada para lograr el puesto, y de que ninguno de mis amigos han empleado sus influencias en mi favor, en detrimento de tus legítimos derechos..."
Después de que Acton fuera designado, Browning lo recibió muy amablemente y siguieron siendo amigos de un modo muy curioso. Incluso le escribió al Primer Ministro contándole lo feliz que estaba de que Acton hubiera recibido el cargo. Pero interiormente Browning permaneció amargado porque nadie lo nombró profesor, e imaginó enemigos desconocidos escribiendo información falsa al Primer Ministro en su perjuicio. 7 Los enemigos escribieron sobre él, pero la información no era del todo falsa.
Gladstone, el gran amigo y admirador de Acton era la persona que no estaba contenta con el nombramiento. Gladstone quería que se dedicara a cosas más amplias y pensó que una cátedra en Cambridge sería restringir las contribuciones que podría hacer. 8 Gladstone pareció ligeramente sorprendido de que la aprobación había sido aparentemente unánime, ya que hubiera esperado un poco de intolerancia al hecho de que un católico romano fuera colocado en semejante puesto. Su hija, Mary, lanzó tres hurras por la desiganción. 9 Gladstone le advirtió a Acton que no todo iba a ir bien en Cambridge porque hay un "grupo organizado o un sector de clérigos de la Low Church bajo las órdenes de un tal Mr. Moule." 10
¿Por qué se eligió a Acton? (1) S. R. Gardiner quería escribir su libro; (2) Mandell Creighton se había alejado para ser obispo; (3) Thomas Hodgkin no tenía ningún deseo de trabajar en una universidad y quería terminar su libro; (4) el Primer Ministro era liberal, lo mismo que Acton; (5) Acton necesitaba un trabajo pagado, algo que no era fácil de conseguir para alguien de la nobleza en esos días; (6) como una persona, sin muchos estudios, dentro de la universidad tenía algunos derechos, a pesar de que se había ganado cierto desprecio, era absolutamente necesario traer a una persona muy docta de afuera de la universidad; y (7) era posible designar a un católico romano por primera vez porque el gobierno liberal había abierto lentamente los puestos públicos a miembros de todos los credos; y este católico romano en particular era aceptable para los protestantes porque según sus antecedentes no estaba tan a favor de los Papas.
No todo el ambiente intelectual de Londres estaba feliz con la designación y tuvieron la excusa para decir lo que pensaban cuando Acton comenzó con sus conferencias. Utilizaron un lenguaje muy duro: "un apabullante diluvio de verborragia," "uno alcanza a distinguir, aquí y allá, oraciones con chispazos de luz en ellas," "espero que renuncie al cargo para el que no está calificado." "Seguramente una de las cualificaciones indispensables para la cátedra de Historia Moderna de Cambridge es que la persona que la ocupe sea inteligible."11
A Acton le encantaba estar en Cambridge. Le encantaba ser "finalmente" un hombre de Cambridge. Algunos pensaron que estos años fueron los más felices de su vida. Él había deseado ser una académico durante mucho tiempo y lo había logrado. El Trinity College le otorgó un título honorario y se mudó a habitaciones en el Nevile's Court. Más tarde, como la cantidad de los libros en su biblioteca seguía aumentando, Trinity agregó la habitación vecina a la suya.
Le dijo a Oscar Browning que quería saber qué había hecho Seeley, porque un académico no profesional debe acomodarse a lo que ya existe. Pronto se dio cuenta de que su concepto de la historia era diferente al de Seeley. Seeley pensó que la historia era política. Acton había dicho en su discurso inaugural que la historia no es la historia de la política. ¿Por qué no? Porque la política pasa. "La historia nos obliga a asegurarnos en temas duraderos, y nos rescata de los temporarios y transitorios. Necesitamos compartir la existencia de sociedades que no sean la nuestra."
La Revolución Francesa era un tema obligado de examen. Acton era experto en los siglos dieciséis y diecisiete. Pero decidió dictar conferencias sobre la Revolución Francesa.
Estas conferencias se dictaban una vez por semana a las 12:15. 12 Siempre las dictaba en una de las salas de conferencias del Trinity -el costo para los que no eran miembros de la universidad era de una guinea, que debía pagarse en Deighton Bell's. Escribía las conferencias de su propio puño y letra, y un colega cercano, Figgis, decía que las pronunciaba tal como las escribía. La evidencia interna sugiere que esto no era tan así, ya que a veces no son lo suficientemente extensas como para que duraran el tiempo necesario y el conferencista debe haber podido explayarse, y a veces una oración es tan incomprensible que sólo puede ser una nota para recordar al conferencista de explayarse oralmente. No se facilitaba las cosas a sí mismo ya que no podía repetir las mismas conferencias al año siguiente, de modo que tenía que seguir preocupándose por el texto y las correciones. Fue una época de un trabajo excepcionalmente arduo. "No acepto invitaciones a Londres, y descuido muchas obligaciones más importantes que las invitaciones. Me es imposible dedicarme a escribir por un largo tiempo. No cumpliría y me haría sentir nervioso e incómodo." 13 Las fichas en la Biblioteca Universitaria muestran el trabajo que había detrás de cada conferencia. Nunca confió en las fuentes secundarias sino que siempre buscó rastrear hasta la fuente original. No encontraba placentero dictar conferencias, ya que no le gustaba hablar en público.
Cada día de conferencia a las 5:00 p. m. estaba en sus habitaciones en el College para dar consejo a los estudiantes. Los que acudían para aprobar un examen luego se iban. Otros estaban fascinados. El hombre era muy vehemente cuando se refería a la historia, a veces apasionado; no era sólo la boca la que hablaba sino todo el ser; un oyente califica a las conferencias, halagándolas, como "un desempeño emotivo". Una Universidad racional nunca designaría como conferencista a alguien cuyas conferencias fueran un desempeño emotivo. El mismo oyente dice que la conferencia fue "una maravillosa obra de arte" y deja al lego preguntándose sobre el secreto de convertir una conferencia sobre el pasado en una maravillosa obra de arte. 14
Se sentía, en su tiempo, como también sentimos nosotros ahora, que el hombre era totalmente más grande que sus conferencias. Detrás de las conferencias yacía una inteligencia coherente, rica y variada, luchando con la verdad y de una integridad total.
Me pregunto si la gente debe dejar cuando muere los manuscritos de sus viejas conferencias. Durante la vida de Acton, no sólo Cambridge University Press sino otras editoriales, tanto inglesas como estadounidenses, pidieron permiso para imprimir sus conferencias, y Acton se negó. Tenemos la negativa enviada a Cambridge University Press:
"Son bastante elementales, y no son más que un intento por hacer que las razones y la conexión de cosas sean convincentemente claras para hombres que no las han estudiado." 15
Figgis y Laurence publicaron ambos grupos de notas -1907 y 1910- a pesar de que los editores tenían claros sus defectos para ser publicadas. ¿Por qué las publicaron? Lo hicieron porque reverenciaban al hombre; porque se había hecho más controvertido después de su muerte y ellos querían mostrarlo tal cual era; porque ellos pensaban que, debido a la singularidad de las conferencias, contenían opiniones serias sobre fragmentos de la historia moderna; y porque no eran difíciles de publicar ya que Acton las escribió a mano con una caligrafía muy fácil de leer.
Las conferencias sobre la Revolución Francesa tienen la singularidad de comenzar con dos capítulos sobre el entorno de las ideas y el resto de los capítulos son narraciones detalladas de lo que ocurrió de 1789 a 1794. 16
Si un gobierno pisotea las leyes de la naturaleza, el pueblo necesita apelar a las leyes de la naturaleza contra la ley del gobierno; si lo hacen les espera sufrimiento, y el sufrimiento que experimentarán es mucho peor, físicamente, que el sufrimiento que hubieran experimentado si se hubieran sometido a la opresión; pero el principio es tan sagrado y tan claro que no queda otra cosa por hacer más que sacrificar sus vidas y sus fortunas por la gran causa que ellos ven. Una vez Acton tomó una cita tan extensa de Burke, que le debe haber llevado unos minutos leerla a su clase.
Él tiene epigramas y aforismos que en realidad eran verdades a medias pero que causan un gran efecto en el lector: la tierra pertenece a aquellos que caminan sobre ella, no a los que están debajo (FR 33); es un grave error de cálculo pensar que un ejército regular es más fuerte que una banda indisciplinada (FR 66); el ejército que dio la libertad a Francia estaba compuesto, en su mayor parte, por asesinos (FR 90); una simple página impresa (se refiere a la Declaración de los Derechos del Hombre) es más fuerte que todos los ejércitos de Napoleón (FR 170).
Cuando éramos estudientes no graduados leyendo historia, se nos enseñó que la historia debe ser seca, descolorida, sin emotividad, y un poco aburrida. Acton sostenía que ésto es lo que Ranke, a quien tanto admiraba, nos había enseñado que debe ser la historia. Recuerdo que se me dijo en la escuela que el sucesor de Acton, J. B. Bury, quien era seco, descolorido, sin emotividad, y -dudo en usar la palabra- aburrido, era el historiador ideal. Alguien una vez me dijo Nunca uses un superlativo. Acton aprueba esta idea sobre la monotonía, pero no la practica. Él salpica superlativos: la Revolución fue la escena más importante en la historia moderna (FR 53). Mirabeau fue el mejor debatidor en la historia parlamentaria francesa (FR 53). Talleyrand iba a ser temido y odiado y admirado como el político más sagaz del mundo (FR 69). El "9th Thermidor" [9 de Termidor: 27 de julio de 1794] es "la más auspiciosa fecha en la historia moderna" (FR 284). "No hay registro de un acto más excelente de fortaleza en toda la historia parlamentaria" (el ataque personal de Cambon a Robespierre, FR 294). La figura más brillante en el campo de batalla de Europa es Murat (FR 344).
A veces los superlativos están llenos de referencias y son misteriosos: el más famoso de los escritores Güelfos (Tomás de Aquino), el más hábil escritor del partido de los Gibelinos (Marcelo), "el más brillante agitador entre los socialistas continentales," "el más ilustre de los primeros filósofos" (Pitágoras), "el hombre más sabio que se pudiera encontrar en Atenas" (Solón), el más distinguido escritor inglés del siglo doce (John de Salisbury), el más sabio de los prelados anglicanos (Ussher), el más hábil de los prelados franceses (Bossuet), el más hábil gobernante que haya surgido de una revolución (Cromwell), el más popular de los obispos (Fenelón), el intelecto conservador más puro (Niebuhr), el más inteligente de los tiranos griegos (Periandro), el más grande teólogo de su época (Gerson), el más famoso realista de la Restauración (Chateaubriand), el más hábil de los hombres históricos (Napoleón); ningún tirano "jamás usó su poder para infligir un sufrimiento o un mal mayor" que el rey Luis XIV. Estos superlativos muestran el mismo hábito mental que lo hizo elegir una lista de "los mejores cien libros."
Tenía el talento del antologista o del selector de citas para colocarlas en el índice de sus fichas. Tenía fascinación por los detalles extraños de la historia: cómo el rey de Francia roncaba más fuerte cuando estaba aburrido por una discusión que cuando dormía (FR 43); cómo después de que Charlotte Corday matara a Marat en su baño fueron a su habitación y encontraron la Biblia abierta en la historia de Judith (FR 265). Le encantaban los momentos extraordinarios y las carreras extraordinarias. A veces, si una cosa era extraordinaria estaba más inclinado a creerla. No sabemos cómo se podían medir los decibeles del ronquido del rey de Francia. Basados en las evidencias es muy difícil que hayan encontrado la Biblia abierta en la habitación de Charlotte Corday, es mucho más posible que hubieran encontrado la historia de Bruto asesinando a César, ya que ella realmente admiraba a Bruto; pero no existe ninguna evidencia confiable que indique que encontraran algo por el estilo. 17 Ese tipo de anécdotas explica por qué hubo quienes criticaran a Acton diciendo que era un historiador cuyas cualidades lo convertían en un Diccionario de Fechas, y que se deleitaba en historias escandalosas. 18
A veces había un humor macabro. Collot y Fouché estaban unidos por "lazos sagrados de amistad" -fíjense en la palabra sagrados en los lazos de amistad. ¿Eran amigos? Porque se habían unido en hacer asesinar a 1.682 personas en Lion (FR 289). Uno de los amigos de Acton dijo que escondía mucho bajo "una grave ironía." 19
Acton podía comunicar un sentimiento de inmediatez de la historia. Si usted ha vivido durante la Segunda Guerra Mundial, es difícil darse cuenta que, para la mayoría de la gente a la que se está dirigiendo, el hecho es tan remoto como el sitio de Troya -excepto para los pocos que hayan perdido un padre o un tío en la Guerra. Acton podía contar historias que fácilmente cubrían esta brecha en la memoria humana. ¿Qué se sentía ver la procesión de los Estados Generales en Versalles el 5 de mayo de 1789 con toda la gente aclamando? Acton tenía parientes que presenciaron la aclamación del nuevo papa liberal en 1846. Una dama italiana no lo aclamaba. Le preguntaron por qué. Ella contestó "Porque estuve en Versalles en 1789" (FR 55). Esta anécdota conectó las décadas. Todos inmediatamente se dieron cuenta de cuán corto es el tiempo. Acton tenía una apreciación instintiva de cómo nos afectan ahora esos hechos del pasado -por ejemplo, el debate del 8 de julio de 1789 que llevó a la caída de la Bastilla- y, decía él, cambió la faz del mundo y "sus efectos imperecederos serán percibidos por todos nosotros hasta el último día de nuestra vida" (FR 83).
Le gustaba insinuar el misterio; María Antonieta fue tratada con exceso de bondad por este gran liberal. Dijo que la reina francesa había cautivado a toda la humanidad más que todas las mujeres, excepto una (FR 141) -excepto una y nosotros, la audiencia, comenzamos a pensar ¿a quién se refiere? ¿A la Santa Virgen María? ¿Realmente está comparando a María Antonieta de ese modo? Nadie lo puede saber.
Tenía un profundo sentido de la historia como drama, como un drama apasionante. Su relato de la huída de los reyes franceses a Varennes y su persecución y arresto -es historia narrativa en su forma más apasionante. Nos damos cuenta por qué George Macaulay Trevelyan fue uno de sus mejores discípulos.
Está convencido de que leer historia es influir en la propia vida personal. Una vez dijo que hay dos libros que marcan una época en la vida de una persona -son los libros de Michelet y de Taine- esto es, las historias glorificadoras y demoledoras de la Revolución Francesa -a pesar de que los libros no son buenos en su opinión. Por ejemplo, no consideraba a Taine un historiador sino un patólogo (FR 370). Él puede odiar a los historiadores, y, como imaginarán de un lord Whig como éste, el más odiado de todos los historiadores fue Carlyle.
Y el sentido moral seguía apareciendo. ¿Fueron malos todos esos asesinatos durante el Terror? Por supuesto, porque eran asesinatos. Pero el asesinato se ha estado produciendo la mayor parte del tiempo en las otras épocas -el asesinato no es privativo de ningún país, época u opinión; y si triunfa, llegan los historiadores que lo alaban- "el poderoso con la daga es seguido por el más débil con la esponja. Primero el criminal que asesina; luego el sofista que defiende al asesino" (FR 92) -los historiadores son casi tan malos como los asesinos. Si uno es un historiador honesto, comprueba que todos son bastante malos -y sus últimas palabras a la audiencia en la conferencia sobre la Revolución Francesa intentan tratar parejo a amigos y enemigos -¿pero es posible para un historiador honesto tener un amigo (FR373)? Solemnemente les dijo a sus oyentes que tomaran como principio para su propio trabajo no sorprenderse nunca por el desmoronamiento de un ídolo o por el descubrimiento de un esqueleto. 20
De modo que las conferencias no eran muy apropiadas para los estudiantes no graduados que deseaban aprobar los exámenes. Figgis dijo de las conferencias que "no eran tanto una mina de instrucción, sino una revelación de la personalidad del conferenciasta" (MX xi). Gooch, que vivía en Londres, viajaba para asistir a ellas y le encantaban. George Trevelyan tambián asistía y había varios miembros mayores de la universidad - "atestado" de profesores universitarios de todas las materias, dijo Trevelyan, "y pronunciadas como un oráculo." 21 Oscar Browning asistía regularmente y decía que no había muchos no graduados (varones), era un público numeroso, pero muchos de ellos eran gente de pueblo y mujeres, y las conferencias sólo podían ser comprendidas por aquellos que estaban bien empapados del tema; 22 pero debemos tomar esto con pinzas ya que a Browning le gustaba presentarse como la persona que enseñaba una historia que iba al grano mientras que Acton cumplía la función menor de inspirar, solamente. Los no graduados sí formaban parte del público. Sabemos que el futuro novelista E. M. Foster asistía a las conferencias y escribió en su Commonplace Book, un poco equivocadamente, esa sorprendente sentencia "Cada villano es seguido por un sofista con una esponja"; en donde la cita equivocada es menos rigurosa para los historiadores que en el texto original de Acton.
Buenos jueces dijeron que las conferencias fueron "un gran éxito." 23 El modo de pronunciarlas era muy poderoso -una dignidad solemne, como si ésto llamado historia fuera un objeto sagrado, una búsqueda de los que es verdadero, y la verdad es lo más grande en el mundo, y esta verdad está unida a la naturaleza moral de la humanidad.
Mientras estuvo en el Consejo de Historia, los Tripos fueron divididos, como otros Tripos, en dos partes. No hablaba mucho en las reuniones, y aprobaba lo que se hacía más que liderar los cambios. Rechazó una propuesta de que debía ser presidente del Consejo de Historia. Según los recuerdos de Browning, Acton rechazó esa moción más de una vez, y Browning pensó que hubiera su deber aceptar. Maitland una vez escribió una queja desesperada: "El Consejo de Historia consume un tiempo interminable ... Ahora Acton=0. Me gustaría que bendijera o mandijera o hiciera algo." 24
El número de estudiantes creció constantemente: 1897: 48, 1898: 54, 1899: 106, 1900: 98, 1901: 114, 1902: 129 -casi tres veces durante aquellos seis últimos años de su vida.
Cuando llegó a Cambridge le dolió descubrir que algunos de los mejores profesores en la universidad consideraban a la historia como una materia de segunda clase. Si uno tenía capacidad intelectual leía los clásicos, si no se dedicaba a la historia o a la ciencia. No era sólo dolor sino que lo ofendía profundamente; lo veía casi como un insulto a su persona. 25 Figgis pensó que Acton fue quien hizo más que nadie para limpiar esa mancha y para persuadir a los profesores de que ésta es una materia que provoca las grandes cualidades mentales y de que tiene fundamental importancia para la raza humana. George Trevelyan estuvo de acuerdo. Ésto es lo que Acton consiguió.
Cuando uno tenía una conversación privada con Acton sobre la historia, uno sentía que toda la sabiduría de los tiempos estaba hablando a través de él; y era casi lo mismo con las conferencias, excepto que allí la sabiduría de los tiempos estaba abarrotada de hechos históricos. En un sentido Acton es el poeta de la Historia. Él dice que la historia debe ser "no una carga para la memoria, sino un esclarecimiento para el alma." 26 Y todo es tan apasionante -los archivos están abiertos al fin, las bibliotecas están abiertas- las oficinas de los registros oficiales, los archivos del Vaticano. Podemos obtener la historia auténtica, y no lo que la gente piensa que ocurrió, y no lo que partes interesadas pretenden hacernos creer que ocurrió. Él sentía que era (y tenía razón) un tiempo de siembra para una historia más verdadera que cualquiera que hubiera sido escrita en el pasado. Es apasionante porque finalmente estamos recibiendo una historia libre del sesgo que la restringía -la parcialidad de la raza, la religión, el nacionalismo y el Estado. Finalmente podemos escribir una historia de la Batalla de Waterloo que tanto los inglese como los franceses aceptarán, o una historia de la Reforma que tanto los católicos como los protestantes considerarán justa. La verdad está por encima de la propaganda y de la parcialidad. Está empezando a ser asequible. Y es asequible por parte de un lector cualquiera. Estamos a punto de hacer que la historia sea independiente de los historiadores.
"Estas cosas son extra territoriales, tienen su hogar en el cielo, y no están más confinadas a la raza o a la frontera, que el arco iris o una tormenta" (carta a los Síndicos, octubre de 1896) -allí habla el poeta de la Historia. Para nosotros ésto es ser naïvité. El mes pasado escuché a un historiador bosnio transmitiendo apasionadamente la historia de su país de origen y en el transcurso intenté imaginar a un historiador serbio describiendo los mismos hechos. Es muy fácil convertir a la historia en propaganda. Hugh Trevor-Roper dió una conferencia sobre los historiadores alemanes y una parte de ella atemorizó a la audiencia, porque pronosticó todo lo que nosotros, historiadores británicos, estaríamos diciendo si Hitler hubiera invadido y conquistado Gran Bretaña. Acton pensó que habíamos salido del nacionalismo en la historia. Él cantaba sus ideas como un trovador y la canción era bella y a veces estaba ciega a la realidad.
Insistía sobre ciertos principios:
1. Hay que ser imparcial.
2. Si uno no era Whig era perverso.
Consideraba al partido Tory sólo una asociación para gente que, corruptamente, se aferró al poder.
Acton no era un genuino hombre de partido -tenía principios rígidos sobre la conciencia y la libertad- pero nunca escondió evidencia que hablara en su contra, nunca dejó de hacer notar las excepciones que hablaban en contra de su argumento. La contradicción o el asombro mental, era eso lo que simpre estaba ansiando y se podía sentir que lo ansiaba, para sobreponerse a cosas tales como el prejuicio y ver los hechos como realmente eran.
3. Uno debe darse cuenta que las ideas son las que gobiernan a la humanidad y a las sociedades -y darse cuenta que las ideas son cosas revolucionarias- y especialmente la conciencia que es la verdadera raíz de las revoluciones. Uno debe tener la noción del trabajo de la conciencia en los individuos.
Esta doctrina trae consigo cosas extraordinarias y extrañas: por ejemplo el primer capítulo de las Conferencias sobre Historia Moderna comienza con un recuento de cómo la idea de conciencia se desarrolló durante el siglo trece.
4. Los seres humanos en realidad son peores que su reputación. La gente que conocemos se ve bien porque sólo vemos el sobre. Pero el historiador leerá la carta que hay dentro y lo que otros escribieron sobre ella. Cuando se lee la visión pesimista de Acton sobre la humanidad y el papel de los historiadores en ella, uno se da cuenta que tener una biografía es una de las peores desgracias para una persona que sufre. Acton escribió al Master del Trinity College, H. M. Butler:27 "Siempre debemos esperar que nuestros alumnos vean cada vez más claramente, que los grandes hombres de la historia no eran buenas personas. No hay remedio. Uno sólo puede esforzarse por tomar cada hecho sorprendente o edificante o engrandecedor y arreglarlo en sus mentes." Era un contraste curioso que él tuviera un ideal tan noble de lo que la historia podía hacer por todos nosotros, pero una de las cosas que hace es deprimirmos acerca de nosotros mismos. Acton se inquietaba con la historia.
Era excelente con los alumnos individualmente, realmente interesado en ellos, les enviaba pilas de libros de los que nunca habían oído hablar, en lenguas que no sabían cómo traducir, con una carta que decía que eso era sólo la primera tanda, y que le enviaría más. Era casi una obsesión para él, le encantaban las listas de libros y ésta era una oportunidad para mostrarle a la gente que la lista realmente existía. Nunca se aburría con gente que fuera para hacerle preguntas, le gustaban las preguntas y nunca hizo sentir torpe o ignorante al que preguntaba.
Podía ser bastante implacable en sus informes. Éste es un informe acerca de un alumno: "Le haría bien dedicar un año al reino de Antíoco o a la política de Lisandro, o incluso a algo más remoto, para que aprenda a presentar pruebas en lugar de afirmar, y a quedarse en la válvula de seguridad que es la opinión." Pero le pidió a Oscar Browning que le dijera a sus estudiantes que no era tan formidable como podrían pensar -"Soy un animal doméstico, más que la bestia salvaje que aparento ser." 28
Él tabulaba los consejos a sus alumnos; y uno o dos dichos acertados siguen siendo familiares para alguien que no sepa cuál es la fuente, como por ejemplo "aprendan tanto escribiendo como leyendo" o "sean más severos con las ideas que con las acciones" o "sospechen del poder más que del vicio" o "estudien los problemas más que las épocas."
Eso nos dice bastante acerca de los principios de Acton; me debo horrorizar más por la teoría racista Nazi que por sus resultados -e incluso más, es mi deber, como estudiante de la historia, condenar. Y debo esperar que la búsqueda del poder sea peor en sus consecuencias que la degeneración moral; por lo menos debo sospechar que ese será el caso.
¿Es correcto condenar la teoría más que los resultados? El principal teórico del racismo Nazi fue Rosenberg, un hombre despreciable cuyo trabajo no influyó en lo que ocurrió. Los hombres sublimaron su frustración por la sociedad en un odio a los extraños, que eran extraños porque se veían diferentes o tenían costumbres diferentes; y entonces el sentimiento visceral del odio se apoderó de los semi alfabetos y usaron el libro de Rosenberg Mitos del Siglo Veinte; y la teoría se convierte en accesoria a lo que es odioso, no la causa del odio.
Más tarde, algunos de los alumnos de Acton hicieron grandes contribuciones a la historia. Y lo hicieron en el modo actoniano. R. V. Laurence no escribió nada (lo que es actoniano); Figgis fue brillante en iglesia y estado (lo que es actoniano); Trevelyan contribuyó de un modo original con la historia italiana y también con la inglesa (sólo se puede comprender a Inglaterra en un contexto europeo, lo que es actoniano); Gooch fue un erudito germánico como Acton; 29 Clapham usó las ideas en historia económica, Temperley aplicó el derecho internacional al hacer tratados, y Benians sacó la historia de Europa y la llevó a través del mundo. Gutteridge influyó bastante, no en la historia sino en el derecho internacional, y Acton consideró que entrenar a especialistas en derecho internacional era parte de la gran tarea que tiene la historia.
Qué corto es el tiempo -parece como si Acton hubiera vivido hace mucho- sin embargo yo me sentaba al lado de Gutteridge en la cátedra en el Trinity Hall, y me sentaba a los pies de Trevelyan y hablaba sobre historia con él, y acostumbraba a ir a Benians con los ensayos de mis alumnos y él era tan tranquilo que todas las tempestades y la vorágine del pasado se calmaban como por alguien que camina sobre las aguas. Y ellos habían estudiado con Acton; qué cortas son las décadas.
Acton fundó la Trinity College Historical Society [Sociedad Histórica del Trinity College], que sigue funcionando. Maitland, el colega y amigo cercano de Acton, profesor en el Downing College y también en el Trinity, fue un miembro fundador. La Trinity College Historical Society tenía la particularidad de que sus miembros no necesitaban pertenecer al Trinity. Pero sólo los miembros del Trinity tenían voto. De modo que más adelante hay un encantador pedido al estilo del siglo diecisiete del historiador Figgis, que era miembro de la Sociedad y profesor en St. Catherine, "desde mi pobre buhardilla, muriendo de hambre porque me faltan dos chelines," de que ésto era taxation without representation (aplicación de impuestos sin tener representación), porque la cuota de la Sociedad se había aumentado de un chelín al año a dos, sin que nadie le consultara su opinión.
El primer volúmen de las minutas de la Sociedad está en la Biblioteca Wren y es muy divertido leerlo. Trevelyan fue uno de los miembros fundadores, lo mismo que Cunningham, fundador de la historia económica en Cambridge, y que Maitland. Otros cuatro futuros profesores fueron elegidos miembros en las siguientes reuniones, y Figgis hubiera sido el quinto si no hubiera sido torpedeado por un submarino. Uno de los miembros, escandalosamente no-actoniano en sus actitudes hacia la historia, era Lytton Strachery; pero, de acuerdo a las minutas, concurría poco frecuentemente; y quizás pensemos que no era no-actoniano por concurrir poco frecuentemente, sino que concurría con poca frecuencia porque era no-actoniano. ¿Pero era completamente no-actoniano? Uno de los axiomas de Acton era llevado al extremo en Strachery, e incluso corrompido. La doctrina que condicionaba el trabajo de Strachery era que los hombres y mujeres son peores que su reputación pública. Disfrutemos entonces demoliendo esas reputaciones. La diferencia, tácita, era ésta: Acton tenía fe de que sin importar lo malos que seamos, hay una naturaleza moral en el mundo que nos permite lentamente, a los tropezones, hacernos menos malos. Strachery no tenía esa fe. Somos malos, y lo que le ocurra al mundo es el resultado que uno esperaría.
La primer reunión de la Trinity College Historical Society tuvo lugar el 29 de enero de 1897 en las habitaciones de Lord Acton con trece personas presentes. Lord Acton leyó un documento sobre "El estudio de la historia"; a lo que siguió una discusión, "principalmente sobre el estándar moral que debe usarse para juzgar épocas pasadas, y sobre el valor relativo del trabajo histórico basado en manuscritos y fuentes impresas"; la reunión terminó a las 10:45 p.m. Trevelyan leyó un documento en la siguiente reunión, y allí la discusión debe haber sido especulativa, ya que era sobre si el Príncipe Negro, de haber vivido, hubiera sido un buen rey. La última reunión a la que Acton pudo asistir fue en marzo de 1901.
Política significa compromiso. En política debemos elegir el curso menos malo, porque es un curso practicable y no podemos lograr uno mejor. El derecho moral significa no compromisos, debemos elegir lo que está bien y dejar que lo practicable se ocupe de sí mismo. La tensión entre la práctica política sana y cualquier ideal político sólido le preocupó continuamente. Se preocupaba por la verdad en el dicho del viejo filósofo griego Crisipo, que en la política es imposible complacer a los dioses y a los hombres al mismo tiempo.
La historia es la conciencia de la raza humana -esos explotadores y asesinos se salen con la suya y son prósperos durante su vida, pero no pueden salirse con la suya para siempre porque la historia cuenta cómo eran realmente.
El mundo no puede funcionar a no ser que la gente diga la verdad; pero los políticos deben economizar la verdad, o hacer propaganda con un lenguaje que confunde, o incluso decir mentiras descaradas y justificarlas apelando a que es lo mejor para el Estado. La historia es un antídoto. La historia no economiza la verdad si realmente es historia genuina.
Los Estados, cuando están en crisis, demandan más poder en el centro, y el apetito crece hasta que crean absolutismos o Estados policía. La más famosa cita de Acton siempre ha sido la oración "el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe completamente." No era sólo un buen dicho, sino que expresaba todo lo que apasionadamente sentía por la historia. "La posesión de poderes ilimitados corroe la conciencia, endurece el corazón y confunde el entendimiento."
Él sostenía que cualquier gobierno ejercido por una democracia pura -es decir, elección directa por parte de todo el pueblo de una asamblea única que tiene poderes soberanos- seguramente terminará en tiranía, de modo que las democracias necesitan una auto-limitación por parte de alguna forma de constitución mixta. Sacó esta lección de Atenas. "La lección de su experiencia ... enseña que el gobierno ejercido por todo el pueblo, por ser el gobierno de la clase más numerosa y poderosa, es un mal de la misma naturaleza que la monarquía pura y necesita, casi por las mismas razones, instituciones que la protejan de sí misma, y respeten y defiendan el reinado de la ley contra la arbitraria revolución de opiniones."
Su tercer principio es el valor supremo del individuo. Todos los Estados quieren hacer, como él dijo, "existir a los pasajeros en beneficio del barco," o, como escribió en otro lugar, "prefieren al barco antes que a la tripulación." Todos los gobierno, si van a sobrevivir, deben contentar a gran parte del pueblo; y es más fácil hacer felices a la mayoría del pueblo si el gobierno presta menos atención a los derechos de la minoría del pueblo. Algunos escritores han sostenido que, como la antigua Atenas y otras viejas democracias griegas, la democracia moderna no podría existir sin ser suplementada con cierta forma de esclavitud; porque la dificultad particular de la democracia era su tendencia a terminar en un comunismo, al que Acton consideraba un sistema que funciona a costa de los derechos de los individuos. Esto es verdad porque los individuos no pudieron nunca conservar su derecho privado y su libertad individual a no ser que se les permitiera derecho a la propiedad. "Un pueblo reacio a la institución de la propiedad privada no posee el primer elemento de libertad."
A sus ojos, la ley de los derechos humanos -que no era una frase que le gustara- era una necesidad para cualquier forma moral de gobierno. Consideraba que la aceptación general de principios morales era una necesidad, si la democracia estaba destinada a sobrevivir. Una vez escribió sobre la antigua Atenas: "El corto triunfo de la democracia ateniense, y su rápida caída, pertenece a una época que no tenía parámetro fijos para el bien y el mal ... La voluntad del hombre, y no la voluntad de Dios, era la norma de vida, y cada hombre y cada cuerpo de hombres tenían el derecho de hacer lo que querían. La tiranía no estaba mal, y era una hipocresía negarse al placer que ella trae consigo." Éste era uno de los pasajes más fuertes para expresar su convicción de que la libertad no puede vivir mucho tiempo en un Estado a menos que la mayoría del pueblo se ponga de acuerdo acerca de los principios morales y aceptara al Estado como algo más que un mero instrumento para protegerlos de los enemigos y de los criminales, o como promotor de su prosperidad por medio de un manejo centralizado de su dinero, su comercio y sus comunicaciones.
Le atribuyó beneficios a la contribución de los antiguos estoicos; en su búsqueda de una voluntad que sea superior a la voluntad de las mayorías en una sociedad. Una reunión unánime de gente ordinaria es capaz de decidir lo que está totalmente mal o lo que es totalmente inmoral. Por lo tanto hay un estándar de bien para el sentir primordial de un pueblo que no depende de la unanimidad de los votantes, y mucho menos de la mayoría de los votantes. Acton no intentó resolver el problema obvio que aquí se plantea -que las conciencias pueden ser tan inducidas al error como los votos.
Esta preferencia por regímenes democráticos con una constitución mixta no se basaba en su anterior experiencia de los Estados Unidos. Él viajó a los Estados Unidos durante 1853 y desdeñaba bastante lo que encontró. Cinco años después seguía descontento con la constitución de los Estados Unidos y la consideraba tan deficiente como la constitución rusa -el sistema ruso era demasiado absoluto como para ser un buen tipo de gobierno y el sistema estadounidense demasiado popular. Pero en su madurez veía a la Revolución Americana como el inicio de una nueva época en la historia del mundo. Todas los intentos previos de democracia habían terminado en alguna forma de tiranía de las mayorías sobre las minorías. Pero ésta, pensaba, era una democracia que había impuesto límites a la autoridad, incluso a la del pueblo soberano, y había tenido éxito en preservar los derechos de las minorías. Había llevado al mundo dos ideas que la vieja Europa había encontrado difícil aceptar: primero, que una revolución podía ser un acto de justicia y puede ayudar a crear justicia; y segundo, que una constitución que intenta darle el "gobierno" al pueblo, que siempre ha sido considerada como una forma insegura de constitución porque significaba poner el poder en manos de votantes ignorantes o corruptibles, podía, bajo ciertas circunstancia, ser un camino seguro para que el Estado se organizara sin perder su efectividad o su justicia como gobierno. Al final llegó a sentir que la constitución estadounidense era "el más grande sistema de gobierno en la historia de la humanidad."
Siempre vio que la libertad era una posesión muy frágil -"el fruto delicado de una civilización madura." También era conciente de todos los enemigos que tenía. Los estados necesitan ir a la guerra -y los estados beligerantes no pueden ser libres. Los pueblos analfabetos no pueden ser libres porque están a merced de la propaganda y a veces sus supersticiones no permitirán ser libres a otros; las mayorías religiosas en el mundo siguen persiguiendo o restringiendo a las minorías religiosas. Un pueblo hambriento no será libre porque necesita más el pan que la libertad y no se preocupará por la libertad hasta que no tenga el alimento. Y la libertad tiene enemigos menores en individuos que quieren el poder y ven una posibilidad en el control de un ejército o una policía.
¿A veces es mejor el poder absoluto? ¿Especialmente en épocas de crisis? Tenía una razón hereditaria para pensar que podía ser así. Su abuelo había sido un primer ministro exitoso en el reino borbón de Nápoles. La actitud del rey había sido que éste era un pueblo pobre y sufriente sin una educación suficiente como para contribuir en la política. Si se les da instituciones democráticas se producirán luchas y probablemente asesinatos en la sociedad. Será mucho mejor conservar el poder, darles una buena administración, mantener el orden público, hacer todo lo posible por reducir su sufrimiento y su pobreza, y desarrollar las escuelas para educarlos.
Acton podía retratar la teoría del absolutismo en todas sus formas posibles y sabía que en las corrupciones de la humanidad este método era una ilusión y no podía funcionar. Uno se pregunta qué hubiera dicho de las doctrinas de los generales en la Argelia o la Turquía de nuestros días que si se entrega el poder a una sociedad analfabeta y fundamentalista el resultado inmediato es la tiranía y todas las mujeres empujadas bajo los velos y la opresión de los hombres. Porque a pesar de esta razón hereditaria para pensar que hay casos en que el poder absoluto es lo mejor, no lo creía para nada. Estaba seguro que ningún rey o reina o dictador tiene el derecho de gobernar sin el consentimiento del pueblo y que el pueblo puede derrocar a ese gobernante si convierte su gobierno en tiranía , incluso aunque hubiera llegado al poder por medios legítimos.
Tenía fe en el progreso de la civilización que dependía del progreso de la libertad; y por momentos estaba bajo la ilusión de que este progreso era inevitable en el mundo; de modo que la libertad en Occidente "ha extendido sus brazos invencibles tan lentamente, pero a la vez tan seguramente, sobre el mundo civilizado." Para quienes vieron a Hitler y Stalin estas palabras parecen una burla. Pero esta fe en la libertad era la base del poder de Acton en la generación intelectual que llegó después de él, incluso o especialmente en las generaciones que se asombraron al encontrar fascistas y nazis cuando esperaban encontrar gobiernos del pueblo y para el pueblo. Él hizo de la libertad no sólo un expediente político sino un derecho moral; y él tenía un sentimiento místico de que este derecho moral lentamente conquistaría el mundo.
Odiaba toda forma de opresión: una clase de guerreros pisoteando a los débiles; una clase de ricos oprimiendo a los pobres; una clase de élite instruida explotando a los analfabetos. Él sabía que si queremos ser gobernados por "los mejores" en el Estado, nunca podemos identificar mejores con todos los instruidos o con todos los propietarios o con todas las personas que tengan experiencia política. Algunos de la "clase no instruida" serán más responsables en su actitud hacia el Estado que algunos de los instruidos. Algunos de los pobres serán mejores en intentar obtener un mejor gobierno que alguno de los ricos porque un buen gobierno puede necesitar pisar los intereses de los ricos.
Este odio hacia la opresión y la corrupción sigue apareciendo en la prosa de Acton. Siempre estuvo conciente del peligro de una guerra de clases y de la necesidad de proteger al más débil contra ella. Estaba seguro de que la experiencia probaba que no se podía confiar el poder sobre otros a una persona. Pero también era dolorosamente conciente del enigma ¿Cómo se puede confiar el poder a veinte personas, o a un millón, si no se le puede confiar a una? Él vio, tanto en el mundo antiguo como en su mundo contemporáneo, a famosos filósofos políticos defendiendo doctrinas que eran criminales y absurdas.
Y a pesar de eso era un estudiante que se maravillaba por los logros de la humanidad. Ésta era otra fuente de su influencia. Él vio corrupción, esclavitud y crimen: sin embargo pudo regocijarse en los logros de sociedades enteras. Pudo pensar que el comunismo y el socialismo estaban errados porque pretendían desarrollarse sin la propiedad privada, que es una necesidad para las sociedades libres. A pesar de eso escribió en el ensayo "Nacionalidad" por qué atraían. El socialismo "intenta por todos los medios mantener la existencia de los individuos por debajo de las terribles cargas que la sociedad moderna impone al trabajo. No es solamente un desarrollo de la noción de igualdad sino un refugio contra la miseria real y el hambre. Aunque la solución fuera falsa, la demanda de que los pobres debían salvarse de la destrucción era razonable; y si se sacrificaba la libertad del Estado en favor de la seguridad del individuo, se obtenía el objetivo más rápidamente, por lo menos en teoría."
Él pudo ver las debilidades y las supersticiones de las iglesias y la explotación por parte de los clérigos, y sin embargo estaba seguro de que el judaísmo y el cristianismo contribuyeron en gran medida al desarrollo de la civilización y a las ideas de libertad. Él pudo ver la naturaleza de la antigua tiranía griega, o de la ley de la calle, o de la sociedad esclava por lo que realmente eran y sin embargo hablar de la generación de aquellos que sucedieron a Pericles en Atenas como aquellos "cuyas obras en poesía y elocuencia siguen siendo la envidia del mundo, y que aún no han sido superadas en historia, filosofía y política." Él pudo ver que a pesar de la corrupción hubo "una noble literatura," "un tesoro inapreciable de sabiduría política." Aún sin tener una teoría sobre "grandes hombres" de la historia, podía sentir una gran admiración por individuos: por el mismo Pericles o por Platón.
Él esperaba que las federaciones fueran fértiles para el proceso civilizador porque si dos o más pueblos vivían bajo un mismo Estado-paraguas los dones de cada raza y cultura afectarían a las otras razas y culturas y habría un desarrollo saludable de toda la sociedad. "Es en el caldero del Estado donde se lleva a cabo la fusión por la que el vigor, la sabiduría y la capacidad de una parte de la humanidad puede ser comunicada a otra." Él pensaba que Gran Bretaña y Suiza eran muy afortunadas en ese sentido. Él prefería a Austro-Hungría que a estados nacionales en Croacia o Serbia o Bohemia o Eslovaquia. Hubiera alentado un desarrollo hacia formas de federalismo en Europa en la década de 1990.
Estaba convencido de que la libertad de prensa es una necesidad en el desarrollo de la libertad del ciudadano, y no concebía la posibilidad de que se abusara de la libertad de prensa.
Estaba convencido de que al ser la conciencia el corazón de la búsqueda de la libertad, la conciencia religiosa es la fuente principal de esa búsqueda; él utilizó la evidencia de las luchas por la tolerancia posteriores a la Reforma como la comprobación histórica de lo que creía; y por lo tanto estaba seguro de que el lugar de la religión en el Estado es de principal importancia para aquellos que anhelan una sociedad libre. "La libertad religiosa es el principio generador de la libertad civil, y la libertad civil es la condición necesaria para la libertad religiosa." 30 En sus "Pensamientos políticos sobre la Iglesia" lo presenta muy simplemente: la conciencia religiosa es un absoluto. Por lo tanto requiere un área de libertad personal. Estamos obligados a hacer lo que podamos por extender el área donde podamos actuar de acuerdo a la conciencia. Por lo tanto la "Iglesia no puede tolerar ningún tipo de gobierno en el que no se reconozca este derecho. Ella es el enemigo irreconciliable del despotismo en el Estado."
Los historiadores han dicho que Acton no inventó la idea de las historias publicadas por Cambridge; fue inventada por los Síndicos de la Imprenta de 1896 y fue entregada a Acton quien la convirtió en una realidad posible. Los archivos confirman esta afirmación. Pero los archivos también muestran que los Síndicos pensaron en esa idea porque la presencia de Acton en Cambridge se las colocó en la cabeza. Si Acton no hubiera estado en Cambridge para que lo consultaran y lo abordaran, no hubieran procedido de esta manera. Tenían un profesor que creía en una historia universal y eso hizo que también ellos mismos quisieran creer en ella.
Había una minoría y una mayoría en el comité. El líder de la minoría era el clásico profesor Leonard Whibley, quien no creía que el plan era practicable. La mayoría que pensaba que el plan era practicable si, y sólo si, Acton lo dirigía, eran los dos eruditos más eminentes en el grupo: Maitland y Henry Jackson. Maitland era muy importante para el plan, y para Acton. Él era el historiador en el Sindicato que tenía una confianza absoluta tanto en el plan como en el editor. También fue la persona que le dió a Acton la confianza de pensar que el Sindicato comprendería a qué se estaba dedicando. 31
Los Síndicos tenían la idea de una historia del mundo. La siguieron llamando una Historia Universal. En las discusiones con Acton retiraron todo el mundo antes del Renacimiento con la posibilidad de hacer el mundo antes del Renacimiento más tarde. 32 Pero en sus minutas se siguieron refiriendo a ella como la Historia Universal durante los tres años siguientes. Seis meses antes de anunciarla provisoriamente invitaron a Acton a editarla. El 21 de mayo de 1896 escribió una respuesta al Secretario diciendo que sí. "No he dudado tanto como debería haberlo hecho, debido a lo difícil que es, porque mi tarea aquí hace que sea un deber no rechazar la propuesta, y porque muy pocas veces se le ha dado a alguien una oportunidad semejante de promover sus propias ideas sobre el tratamiento de la historia." 33
Ésto demuestra que era conciente de la tarea que le esperaba. No era conciente de todo lo que le esperaba o de cómo el proyecto lo iba a llevar a la tumba.
El plan se anunció en el Times y en el Athenaeum el 12 de diciembre de 1896.
Acton eligió a los autores. No fue una tarea fácil. Él mismo escribió a distintas personas para consultar sobre los autores, a aquellos autores en quienes confiaba, segundos o terceros intentos para convencer a los que no habían aceptado, cartas para averiguar si un autor propuesto sabía suficientemente bien los idiomas europeos necesarios, o para averiguar si alguien que lo único que había hecho era solamente escribir sobre pequeños momentos en la historia, era capaz de dar una barrida general. Tenía que pensar si el equilibrio económico, constitucional o entre el ámbito del pensamiento y el arte era el adecuado. Discutir si era mejor elegir a una persona famosa que se ofendería si uno tratara de editar su trabajo o a una persona joven que haría exactamente lo que uno quisiera al editar el texto. Entrevistar a aquellos dudososo en sus habitaciones en Nevile's Court o en el Athenaeum en Londres. Decidir si la falta de respuesta de alguien significaba que rechazaba la propuesta o que todavía la estaba pensando.
Fue muy afortunado. Como nada similar había ocurrido antes, los autores propuestos estaban interesados en tomar parte en la tarea y muchos se sintieron honrados de haber sido elegidos por Acton. Algunos autores aceptaban el trabajo y luego se morían. 34 La pérdida de Hodgkin se sintió muy seriamente (un rechazo, no una muerte). Acton se sintió muy dolido por el rechazo. Maitland le dijo a Jackson "¿Por qué su omnisciente señoría no escribe todo el libro? Podría hacerlo y terminar muy bien parado." 35 Algunos se ofrecieron para formar parte del equipo -Oscar Browning entre los primeros- pero su ofrecimiento fue muy franco: "duermo mal y apenas si puedo leer un libro." 36 Acton se dió cuenta de que por razones políticas locales debía usar a Browning pero tuvo problemas para decidir qué se le podía confiar con seguridad; finalmente eligió el siglo dieciocho porque aparentemente Acton tenía la impresión de que no ocurrieron muchas cosas durante esas décadas. 37
Acton adoraba las listas de los mejores historiadores del mundo y quería que todos ellos escribieran. Una de las tareas que más disfrutó durante su vida académica consistió en presentar la lista de los 120 historiadores de primera clase para que la consideraran los Síndicos de la Imprenta de Cambridge. 38 Acton pensó que si uno era un historiador de primera clase podía escribir sobre cualquier porción pequeña de la historia. Sus amigos tuvieron que convencerlo para que no intentara que un famoso medievalista escribiera sobre el rey Federico El Grande. A veces tenía una ideas disparatadas sobre los historiadores: tenía la idea de que podrían contratar a Westcott, que era un platonista y la mente menos histórica en Inglaterra -veía a cada cosa como un poco de eternidad. Acton tenía la idea de ofrecerle a Hodgkin, que era un cuáquero, que escribiera sobre Calvino -y, siendo que los cuáqueros están más en contra de Calvino que los mismos católicos, el resultado fue cómico. Alguien en el St. John's College rechazó la propuesta con estas palabras: "Soy más que ordinariamente ignorante de la historia general. No tengo talento ni estilo, y el escribir es una agonía interminable para mí ... no tengo ... poder literario ni tampoco una inclinación histórica, mucho menos conocimiento histórico." 39
De todos modos, Acton reconocía a un historiador en cuanto lo veía. Sus más grandes logros fueron Firth y el reticente S. R. Gardiner. Hay muchos cálidos comentarios sobre los autores entre los documentos. Hubo discusiones: algunos pensaban que un historiador era bueno y otros que no lo era -el futuro cardenal Gasquet era un muy buen ejemplo. Acton finalmente creyó en él y lo puso a escribir, pero la contribución que produjo le trajo interminables problemas a los editores.
Hubo consideraciones diplomáticas -como dirigirse a una persona, por ejemplo. A algunas personas que son profesores les gusta ser llamados "profesor", a otros que son profesores les gusta que se dirigan a ellos como "señor." Cuando compiló los nombres el número de "reverendos" parecía muy grande, de modo que Acton decidió llamar a Cunningham, el historiador económico, Dr. Cunningham y no archidiácono. 40 Acton seguía sugiriendo a la Srta. Shaw pero nadie sabía quién era. Por un momento pensaron que se refería a George Bernard Shaw; pero resultó ser la Srta. Nora Shaw, a quien le interesaba la historia colonial.
En cierta medida Acton era maravilloso escribiendo cartas, escribió muchas y cada una lo demuestra. Pero no hacía nada referido de las cartas si no sabía qué hacer. Se le pidió a un estadounidense que escribiera. Éste le pidió al secretario de la Imprenta que le preguntara a Acton qué se esperaba que hiciera. Se le preguntó a Acton, pero no respondió. El estadounidense le escribió a Acton, pero éste no respondió. El estadounidense le escribió a la Imprenta rogándoles que presionaran a Acton para que escribiera. 41
En la carta al secretario de la Imprenta, Richard Wright, el 30 de mayo de 1897, fue claro acerca de la naturaleza de la empresa: "El trabajo debe ser simple, fluido y claro, presentando todo lo que quiere un lector con una instrucción general, pero al mismo tiempo tan científico y erudito en su base, en el material empleado e indicado, como para satisfacer a los profesores y a los expertos. El tono debe ser estrictamente científico en el sentido de que no debe exhibir ni ofender a ninguna tendencia nacional, política o religiosa. En este aspecto, al igual que con respecto a la totalidad y precisión de la información, se debe revisar y examinar seriamente a cada uno de los autores que contribuyen en la obra." 42
Se dió cuenta que ésto iba a ser más difícil que lo planteado. "Nuestro peligro será que algunos encontrarán difícil evitar escribir su opinión personal sobre política, religión y cosas por el estilo -y se nos debe permitir cincelar todo eso." 43
Pronto se dió cuenta de que necesitaba ayuda. A. W. Ward era de la familia de Arnold, de Rugby, y al haber sido parcialmente educado en Alemania era bueno en historia europea con un estilo Germánico. 44 Es sorprendente que de las dos personas que más hicieron por crear la primer Historia Moderna de Cambridge uno pasó toda su educación universitaria en Alemania y el otro pasó gran parte de sus años de estudiante en Alemania. La Imprenta pronto nombró a Ward editor asistente. Dos años más tarde Ward sintió que él estaba haciendo todo el trabajo y reclamó un pago mayor y el título de co-editor. El Sindicato estaba dispuesto a otorgarle un mejor pago, pero no quería saber nada de un editor que no fuera Acton y Ward renunció. 45
Toda la ayuda parcial no alivianó el peso de la tarea. En 1899-1900 Figgis vio que Acton no podía hacer nada más que pensar en esta Historia y temió que esta tarea lo mataría. 46 Tanto Maitland como Charlotte Blennerhassett pensaron que esta tarea aceleró la muerte de Acton. Él no era un administrador por naturaleza. Se había hecho cargo hasta ese momento del pesado trabajo de editor y tenía pocas cualidades como editor, salvo el reconocer a un erudito en cuanto lo veía. Era un perfeccionista y seguía corrigiendo los textos aún cuando ya habían pasado por más de un borrador.
En enero de 1900 Acton se dió cuenta de que no podía hacerlo, y pidió que Ward fuera editor asociado y que sus propios honorario fueran reducidos o suspendidos. Los Síndicos no estaba dispuestos a perder el poder de venta que tenía el nombre de Acton y rechazaron la propuesta rotundamente. Acton les preguntó entonces si no podrían contratar a Maitland como editor asociado. 47 Ni siquiera discutieron esta última propuesta. El 31 de mayo de 1900 le escribió una carta deprimente a Ward diciéndole que lo mejor para los Síndicos "sería que la cátedra de Historia estuviera pronto vacante."
En abril de 1901 sufrió un derrame cerebral. Era el tipo de derrame que provoca cierta parálisis. El Sindicato le envió un cálido mensaje de simpatía y de pronta mejoría rogándole que no hiciera nada hasta que no estuviera completamente recobrado. En julio de 1901 los Síndicos recibieron una carta de Richard, hijo de Acton, en la que renunciaba, en nombre de su padre, a la tarea de editor. 48
Entre los obituarios, el que apareció en el Times causó cierta inquietud en Cambridge. Decía cosas buenas y ciertas: sus vastos conocimientos, su estilo oscuro, su cuestionable influencia en las políticas de Gladstone, su falta de sensibilidad por la poesía, su brillantez como conversador, en la que igualaba a Macaulay, su cariño y amabilidad con todos; pero también decía que había sido limitado por cierta timidez mental, su falta evidente de fibra nacional. "Con un mayor coraje moral y con una conciencia literaria más robusta Lord Acton hubiera dejado una marca más profunda en las letras y en los asuntos públicos; pero su vida, tal como fue, permanece como un espléndido ejemplo de dedicación al estudio y a la investigación histórica, y a la causa de la verdad." 49
El lenguaje hizo que Cambridge dudara. ¿Falta de fibra? ¿Falta de coraje moral? ¿Timidez mental? En la biblioteca del Trinity College hay una carta inédita de Henry Jackson, amigo y colega de Acton. La escribió después de leer el obituario del Times.
No puedo imaginar quién lo escribió; aparentemente alguien bien informado, pero que no sentía simpatía ni por Acton ni por Gladstone. Alguien me dijo, no hace mucho, que Acton sería considerado como la influencia maligna de Gladstone, porque Acton escribió cartas a Mary Drew sobre asuntos públicos, que ella debía leer a Gladstone cuando viera una ocasión favorable. Las últimas palabras del artículo -"un espléndido ejemplo de dedicación al estudio y a la investigación histórica, y a la causa de la verdad," especialmente las que he subrayado, me parecen bastante justas. Pero creo que "una cierta timidez mental" es una frase que puede confundir. Creo que nunca se acobardó por las conclusiones a las que apuntaban las premisas; pero no era un hombre de acción y, creo que en general, dejó a otros que llevaran las cosas a la práctica. 50
¿Quién debe sucederlo en le cargo? El Primer Ministro conservador Lord Salisbury, fue sucedido por Balfour un mes después de la muerte de Acton. Los viejos asesores Whig que sabían mucha historia, como Bryce o Morley o el mismo Gladstone, no estaban o estaban muy alejados del gobierno. 51 Oscar Browning le escribió a Morley diciéndole que suponía que él, Oscar Browning, sería el designado en la cátedra. John Morley no contestó. Browning también le escribió a Campbell-Bannerman, el nuevo líder liberal, preguntándole si le aconsejaría pedirle el trabajo al Primer Ministro, y recibió una respuesta evasiva.
El semanario Sphere publicó un artículo el 13 de septiembre de 1902 sobre los cinco nombres que se mencionaban para Cambridge. Blennerhasset era uno, Browning otro, el joven George Trevelyan el tercero, Prothero en cuarto lugar y el historiador naval Laughton, el biógrafo de Nelson. El Sphere no creía que Cambridge iba a tomar en serio la candidatura de Oscar Browning, y pensaba que Prothero no aceptaría si se le ofrecía el cargo.
Fue John Morley quien involucró esta pregunta con la biblioteca de Acton y puso en escena la influencia del fallecido Acton sobre su propio sucesor. Cuando Acton se estuvo quedando sin dinero Gladstone hizo los arreglos para que el millonario Carnegie comprara sus libros con la condición de que los pudiera usar mientras viviera. ¿Qué pasaría cuando muriera? Para Carnegie la biblioteca no era útil. Se la regaló a John Morley. Morley la aceptó porque valoraba la mente de Acton. Él dijo que Acton, junto con John Stuart Mills, Gladstone y uno o dos más, fue una de las mentes más brillantes que hubiera conocido.
A veces producía las ideas más luminosas, que me impresionaban inmensamente, y sus conocimientos eran vastos, aunque con grandes lagunas, y no muy a menudo decía algo muy sorprendente. Su biblioteca era única en su clase, la colección y la ilustración de una gran mente, juntada con el propósito de escribir una gran historia de la Libertad. 52
Admirando a Acton así, y considerando única a su biblioteca, pero sin ningún deseo de alojarla, consideró a All Souls como una posible ubicación para la biblioteca, como también al Mansfield College, Oxford, que entrenaba a ministros protestantes no anglicanos. Morley era graduado del Lincoln College, Oxford, y tenía un mal recuerdo de su época allí, y no se podía imaginar que un pequeño college pudiera querer una biblioteca como la de Acton. Él dijo que, a pesar de que Cambridge era el lugar obvio para ella, no donaría la biblioteca de Acton a la universidad si ciertas personas eran elegidas para suceder a Acton. 53 ¿Estaba dispuesto a decir a quienes se refería? Sí que lo estaba. El amigo de Acton, Sir Rowland Blennerhasset, marido de la más hábil alumna de Acton, era uno. Otro era Mahan, el historiador naval. Dijo que no donaría ni un mísero libro de la colección de Acton a Cambridge, si alguno de ellos era designado profesor.
Balfour, el Primer Ministro dijo entonces que Acton le había dicho que quería a Maitland como su sucesor. Balfour dijo que Mailtland era demasiado "letra gótica". Es difícil imaginar qué quiso decir Balfour cuando llamó a Maitland demasiado letra gótica; debe haber pensado que Maitland era un pedante o demasiado estrecho en sus intereses, lo que era un error de juicio. Pero a pesar de que pensara que Maitland era demasiado estrecho, o no, el Primer Ministro sabía que Acton quería a Maitland como sucesor. De modo que el 25 de octubre de 1902 le escribió a Maitland para preguntarle si podía proponerlo ante el rey como sucesor de Acton. Maitland se negó de inmediato. Su motivo era decisivo. Ya tenía un muy mal estado de salud debido a una pleuresía; debía pasar los largos meses de invierno en las Islas Canarias; en dos oportunidades había ofrecido renunciar a su cátedra en Leyes y su salud no le permitiría hacerse cargo de una nueva cátedra. El deseo de Acton se vio frustrado por una salud casi tan mala como la suya.
El 28 de noviembre de 1902 Prothero vio en el diario que la cátedra había sido ocupada por J. B. Bury, el profesor clásico y bizantino, del Trinity College de Dublin. Prothero estaba desilusionado. Oscar Browning estaba desilusionado. El profesor Jebb de Cambridge estaba indignado. Acton no hubiera estado desilusionado porque admiraba mucho el trabajo de Bury. Morley no estaba desilusionado, ya que la biblioteca llegó a Cambridge.
Debe enfrentarse el hecho de que esto, aunque de un modo involuntario, fue la mayor contribución de Acton a la historia de Cambridge, aunque ciertamente está lejos de ser la única gran contribución. No temo contradecir si dijera que aquellos miembros de esta universidad o de otras universidades que han trabajado ampliamente en la biblioteca de Acton, desarrollan una reverencia por la mente que coleccionó estos libros y que a menudo colocó notas esclarecedoras en sus márgenes.
Pero lo que el principal historiador entre sus colegas, Maitland, recordó no fueron los libros sobre los discursos de Acton, porque murió antes de que fueran publicados. Incluso si los hubiera visto seguiría recordando algo mejor aún. Acton era más genio cuando hablaba de la historia que cuando escribía acerca de ella. Lo que Maitland recordaba más que nada eran las charlas de Acton en su casa de Chaucer Road los domingos por la tarde. "Nunca olvidaré una pocas charlas que tuve con Acton... En un corto tiempo hizo mucho para mejorar la posición de la historia aquí, y creo que su pérdida es irreparable." 54
1 Había un postulante que era respetable: Laughton, el historiador naval, un historiador serio y en ese momento profesor en el King's College de Londres. Pero en 1902 ya tenía 72 años.
2 Ver la reminiscencia de Leslie Stephen dada a Prothero el 5 de octubre de 1902, Diario de Prothero ad diem, King's College.
3 Bryce Mss. 15, p. 93, Bodleian Library. El 25 de enero de 1895 Henry Sidgwick le escribió a Bryce que tanto Acton como Hodgkin serían aceptables para el cargo de Profesor Regio de Historia Moderna. El joven Gooch, que se estaba yendo de Cambridge, quería que Acton sucediera a Seeley (Life of Gooch, p. 28). F. E. Lally en As Lord Acton Says (Newport, R. I., 1942) dice que la Junta Académica estaba asustaba por su nombramiento, y que seguramente no lo hubieran elegido. Pero esto no es real. La evidencia general es que Acton era una persona que les hubiera gustado mucho.
4 El que estaba a favor: un Kingsman, R. P. Edgcumbe a Rosebery, 2 de febrero de 1895, en Rosebery Papers; el que estaba en contra: Jackson a Harcourt en Rosebery Papers, 24 de enero de 1895, National Library de Escocia, Mss. 10151, p. 138 y p. 185.
5 Henry Sidgwick a Bryce, 25 de enero de 1895, Bryce Mss. 15, p. 93, Bodleian Library.
6 Bryce dijo que la residencia era seis o siete semanas y que el pago sería de £800 o £700; y que estaba ansioso de que aceptara. Le adjuntó una nota de Henry Sidgwick donde decía que Seeley acostumbraba a dar dos horas por semana: una, una conferencia, la otra, una clase; más tarde Sidgwick escribió (11 de febrero) que el estipendio era £800 y la residencia era cinco noches por semana durante todo el ciclo lectivo.
7 Ian Anstruther, Oscar Browning (Londres, 1983), p. 107. Cfr. Oscar Browning, Memories of Later Years (Londres, 1923). Prothero, en Edimburgo, no había esperado que fuera Acton, pero no le importó. A su esposa sí le importó; estaba "realmente bastante afligida" (Diario de Prothero, 19 de febrero de 1895, King's College), ella quería regresar a Cambridge. Prothero dijo que le hubiera importado mucho si alguien como Browning hubiera sido elegido. Pero admiraba bastante a Acton y estaba contento.
8 Gladstone a Acton, 27 de febrero de 1895, carta mutilada.
9 Mary Drew a Acton, 19 de febrero de 1895.
10 Éste es Handley Moule, un hombre de carácter dulce, que después fue un oscuro pero querido obispo de Durham; que no era escandaloso para nadie, y, ciertamente, tampoco para Acton.
11 Spectator, 15 de junio de 1895, p. 814; Saturday Review 89 (1895), p. 822.
12 Fueron impresas por Figgis y Laurence en 1910. Dictó el curso durante cuatro años y cada año cambiaba, de modo que es probable que haya sido impreso el último de los cuatro cursos.
13 Acton a Henry Sidgwick, 7 de noviembre de 1895, Trinity College Mss.
14 Pollock, Independent Review, abril de 1904.
15 Acton a Richard Wright, Trinity College, 12 de junio de 1896, Cambridge University Press Archives, CMH vol. 1; Gertrude Himmelfarb Lord Acton: A Study in Conscience and Politics (Londres, 1952).
En la página 222, Himmelfarb dice que bajo la persuación de sus amigos, Acton aceptó publicar las conferencias (deben ser aquellas sobre la Revolución Francesa) después de que las había pronunciado dos o tres veces; y eligió las conferencias para Macmillan; pero después canceló el plan.
16 H. Ben-Israel, English Historians on the French Revolution (Cambridge, 1968), p. 540.
H. Butterfield, Lord Acton (Londres, 1948), reimpreso en 1968, y "Acton: His Training, Methods and Intellectual System" en Studies in Diplomatic History and Historiography ed. A. P. Sarkissian (Londres, 1961), p. 169 y ss. Cfr. también H. Butterfield en Man on his Past (Cambridge, 1955). H. A. L. Fisher hizo la crítica de "Lord Acton's Lectures" en el Independent Review, vol. 11, 1906, p. 225. Hay una crítica que no es hostil, sino bien informada de las Lectures on Modern History en el Edinburgh Review, abril de 1907, p. 273 ss.
17 El crítico en el English Historical Review criticaba que Acton aceptara la historia de que Danton le ofreció a Pitt salvar la vida del rey a cambio de un sustancioso soborno inglés.
18 Esta crítica es informada por Maitland en una carta a Lane Poole, el 19 de octubre de 1902, en Letters de W. F. Maitland, ed. C. H. S. Fifoot (Cambridge, 1964), p. 317.
19 R. Lane Poole en English Historical Review, octubre de 1902, p. 696.
20 Inaugural, en Selected Writtings of Lord Acton, de J. Rufus Fears (Indianapolis, 1985), vol. 3, p. 545.
21 Autobiography de Trevelyan (Londres, 1949) p. 17. Cfr.Trevelyan, The Present Position of History (Cambridge, 1927); también en Clio, a Mouse, and Other Essays de Trevelyan (Londres, 1930), p. 177 ss, especalmente p. 183, Acton fue "un sabio de una inmensa y misteriosa distinción, famoso en viejas controversias continentales ... un viajero de antiguas tierras de artes de gobierno, religión y conociemientos europeos, con la frente de Platón por encima de unos labios reservados y epigramáticos de diplomático ... La Cambridge History School se convertiría en una gran escuela histórica, pero se debe en gran medida a su llegada que se convirtiera en una gran escuela."
22 Browning Memories of Later Years.
23 Ver Balfour en M. Grant Duff, Notes from a Diary (Londres, 1905), vol. 1, p. 20.
24 Maitland, Letters, ed. Fifoot, p. 177.
25 Figgis en el prefacio a las Lectures on Modern History, p. xv.
26 En su informe de octubre de 1896 dirigido a los Síndicos de la Imprenta de Cambridge -reimpreso en Cambridge Modern History (1907), vol. 20.
27 CU Library Add. Mss. 7339, p. 3
28 Acton a Browning, 3 y 22 de marzo de 1896, Browning Mss., King's College.
29 Gooch no fue alumno de Acton en Cambridge, porque se estaba yendo cuando Acton llegaba, pero regresó para oir la conferencia inaugural, asistió a otras conferencias, conoció a Acton en el Athenaeum, fue fascinado por la mente de Acton, hizo algunos trabajos buscando cosas para él, tuvo temas sugeridos por Acton sobre los que escribir, fue ayudado por Acton para publicar sus dos primeros libros, y después sintió que toda su carrera histórica había estado condicionada por su conocimiento de Acton -adoptó todas las ideas guías de Acton, sobre el modo en que la historia debe ser escrita, sobre la importancia de la historia de la iglesia porque es el alma de la humanidad y por lo tanto sobre la parte más profunda de ella, sobre liberalismo, sobre la historia como apóstol de los ideales de libertad (ver Life of Gooch, p. 31 ss.).
Cuando Gooch llegó a escribir su propio libro sobre los historiadores del siglo diecinueve, A. F. Pollard escribió la crítica sobre el libro en el English Historical Review (octubre de 1913) y dijo que el libro podía haber sido escrito sólo por un alumno de Acton. "El mismo Acton, si hubiera escrito el libro, hubiera sido más profundo sin duda, pero su profundidad le hubiera impedido escribir el libro." (Life of Gooch, pp. 221-2).
30 Ed. J. Rufus Fears, Selected Writings of Lord Acton (Indianapolis, 1985), vol. 1, p. 47.
31 Ver Acton a R. Wright, Tegernsee, 15 de julio de 1896, CUP Archives, CMH vol.1.
32 Minutas de los Síndicos, 9 de mayo de 1896.
33 Impreso en el panfleto The Cambridge Modern History, 1907. Los Síndicos consideraron el caso de una historia del mundo el 13 de marzo. Prothero pensó que era valiosa, pero dudó de que funcionara económicamente. Whibley tenía la misma duda y no pensó que la Cambridge History School fuera lo suficientemente fuerte como para conseguirla. Primero le pidieron a Acton que considerara la posibilidad de una historia del mundo el 13 de marzo de 1896. Al mes siguiente los sídicos estaba considerando los costos. El 8 de mayo de 1896 la agrupación designó a Maitland y a Whibley como sub-síndicos para que hablaran con Acton sobre el plan; y fue entonces cuando cambió el plan de una historia mundial a una historia mundial a partir del Renacimiento. Los Síndicos solicitaron formalmente a Acton que fuera el editor general el 16 de octubre de 1896. Acton aceptó el 21 de octubre. El 23 de octubre le envió a R. L. Poole en Oxford una lista de los posibles autores. También consultó a Creighton y en seguida a A. W. Ward, por entonces en Manchester, sobre posibles profesores del norte.
Los síndicos que tomaron la funesta decisión fueron: el vice-canciller C. Smith, Jebb, Porter, Kirkpatrick, Maitland, Henry Jackson, Forsyth, Keynes (secretario de admisiones, padre de Maynard), W. A. Wright (no es el Wright secretario de la Imprenta), Grant, Glazebrook, Neil, Shipley y Leonard Whibley.
Cfr. G. N. Clark, "The Origin of Cambridge Modern History" en Cambridge Historical Journal, 8 (1945), p. 57 ss. y la introducción de G. N. Clark al vol. 1 de la New Cambridge Modern History.
34 Como ocurrió con R. H. Hutton y Mivart.
35 Maitland a H. A. L. Fisher, 16 de marzo de 1899, en Maitland Letters, Ed. Fifoot, p. 241.
36 CU Library, Add. Mss. 6443, p. 112.
37 Browning escribió la política externa de Pitt en el vol. 8.
38 Pero después de un tiempo estaba bastante apurado en proponer nombres. El valiosísimo Lowes Dickinson del King's College -E. M. Forster muestra, en su encantador libro sobre la vida de Lowe Dickinson, que Acton estaba corriendo un riesgo, aunque admisible. Acton admiraba mucho sus primeros trabajos, y fue ‘referee' cuando obtuvo su primera cátedra en el King's College. Lowes Dickinson aceptó escribir una parte sobre la Revolución Francesa, pero después de un tiempo se retiró, diciendo que sus intereses habían cambiado de la historia a la filosofía (CU Library, Add. Mss. 6443, p. 136).
39 CU Library, Add. Mss. 6443, p 150, Foxwell.
40 Acton a Richard Wright, 6 de diciembre de 1896, en CUP Archives, CMH vol. 1.
41 CU Library, Add. Mss. 6443, p. 102.
42 CUP Archives CMH vol. 1.
43 Acton a Wright, Tegernsee, 9 de septiembre de 1897, CUP Archives, CMH vol. 1.
44 Para el papel de Ward en la empresa, ver John Barnes "Acton, Ward and the Cambridge Modern History" en el Cambridge Review, 26 de febrero de 1982, p. 163 ss.
45 En la primavera de 1900 designaron a Figgis y a Leathes.
La CU Library, Add. Mss. 6443 tiene muchas cartasde Archbold a Acton. Archbold creció con en nombre de Jobson. Por alguna razón cambió su nombre por Archbold. Era un buen hombre para que ayudara: era joven y con energía; tenía un trabajo en Cambridge como secretario asistente del Examination Syndicate; durante un tiempo fue sub-editor del Dictionary of National Biography y ayudó en la enseñanza de la historia en Cambridge dictando conferencias.
Sin Archbold el trabajo apenas habría comenzado. La Imprenta le pagó un buen sueldo por ser secretario de Acton. Acton incluso lo tenía con él en sus propias habitaciones en Nevil's Court en Trinity, y después en las grandes bibliotecas, leyendo de arriba a abajo oscuros periódicos para asegurarse que no se perdiera nada nuevo. Archbold disfrutó esto -"me recuerda a un viaje en globo en misión militar, fotografiando sin tirar el ancla" (CU Library, Add. Mss. 6443, p. 52, diciembre de 1897).
En 1898 le estaba ayudando a Acton en su nueva casa, Birnam, en Chaucer Road. Acton se mudó entonces de sus habitaciones en Trinity. Acton persuadió a un amigo personal, el barón Ferdinand Rothschild de Waddesdon, para que creara para él un fondo que pudiera utilizar para gastos, de modo de no depender completamente de lo que hiciera la Imprenta, y utilizó una parte de este fondo para premiar a Archbold.
Archbold y Acton planearon un volumen conjunto sobre la enseñanza de la historia, escrito por nueve autores y diseñado para las escuelas. Cambridge University Press [Imprenta Universitaria de Cambridge= la Imprenta] lo publicó en 1901, pero Acton ya se había retirado y fue publicado bajo el nombre de Archbold.
Archbold escribió el artículo "Lord Acton as a Cambridge Professor" en Proceedings of the British Academy 1901-4, pp. 281-4.
46 Figgis en DNB s. v. Acton; cfr. Charlotte Blennerhassett en Edingburgh Review "The Late Lord Acton" (abril, 1903) p. 533; F. W. Maitland, Letters, ed. C. H. S. Fifoot (Cambridge, 1965) p. 702.
47 Acton a Wright, 1 de febrero de1900, Birnam, CUP Archives, Mss. CMH vol. 1.
48 Después de la renuncia de Acton los Síndicos eligieron a Ward, Prothero y Leathes para ser editores asociados y Benians fue el editor asistente para el volumen del Atlas. Las minutas de los Síndicos siguieron llamándola hasta 1899 la Historia Universal. La primera vez que se la llama "Historia Moderna de Cambridge" es el 19 de mayo de 1899.
49 Times, 20 de junio de 1902, p. 12.
50 Jackson a B. (¿H. M. Butler?), 23 de junio de 1902, Trinity College Mss.
51 Varias personas en Cambridge querían ahora a Prothero, quien se había convertido en el editor del Quarterly Review. Jebb, incluso fue a ver al Duque de Devonshire, canciller de la universidad, por este caso.
52 Poc. Birt. Acad.: Tedder, quien había sido su bibliotecario, dijo que su biblioteca estaba bastante desorganizada en 1890 -y nunca fue arreglada apropiadamente después de que llegó a Cambridge- Trinity le dió más habitaciones a medida que seguían llegando libros -y finalmente él se mudó a la gran casa Birnam en Chaucer Road; pero muchos de sus libros quedaron en Aldenham. Cfr. Lord Acton's History of Liberty: a Study of his Library, with an edited text of his History of Liberty notes de George Watson (Aldershot, 1994)
53 Diario de Prothero, 19 de septiembre de 1902, King's College.
54 F. W. Maitland, Collected Papers, 3 vol., (Cambridge, 1911) vol. 3; su obituario sobre Acton en Cambridge Review, 16 de octubre de 1902; carta a R. L. Poole del 22 de junio de 1902, en Letters , ed. Fifoot p. 37; cfr. Maitland a Henry Jackson, 6 de julio de 1902, ibid. p. 323. R. L. Poole escribió un obituario admirable en el English Historical Review (octubre de 1902), p. 692 ss. Pensó que otros obituarios no habían hablado de la magnitud de Acton como historiador en sus últimos años, porque se concentraron en la parte dramática de su carrera, la lucha por un catolicismo liberal, el papel que jugó en el Concilio Vaticano de 1869-70. La prensa sabía poco de su vida de los últimos años, excepto por la fama de su erudición y la existencia de su magnífica biblioteca.
Purchase a subscription to the Journal of Markets & Morality to get access to the most recent issues.
Contact Us Online
Request a Speaker
© 2012 Acton Institute